Los Alpes 2011

LA PRIMERA TORMENTA

 

Quito 7 de noviembre de 2011

Apostados en un terraza que cuelga del vacío por ambos lados, nos vestimos con todo lo que tenemos para poder soportar el frío de una noche más que dormiremos a la intemperie, o al menos lo intentaremos, cobijados únicamente por las estrellas y la luna llena que acaba de salir por detrás de esa pared inmensa y bellísima de las Grandes Jorasses.

La Aguja del Loco es la aguja más espigada del extremo derecho de la foto. Así se la veía desde el sitio de nuestro segundo vivac.

Acomodados en el lecho de piedra con las cuerdas como almohada hacemos un repaso de lo que ha sido la escalada de hoy día y las cuentas se resume en tres palabras: exigente pero felices. Metidos en sendos sacos de nylon, una vez más la Carlita y el Topo revisan la guía para asegurarse de lo que nos toca mañana. Con toda claridad el texto indica que la escalada de la Aguja del Loco es la parte más dura de toda la travesía porque el recorrido es muy vertical, porque hay un par de pasajes bien exigentes y, como siempre, no existen posibilidades de escapatoria.

Desde el sitio donde estoy tengo una vista magnífica de la tal Aguja del Loco, que ya puesto en el ejercicio de imaginarme por dónde diablos nos vamos a encaramar mañana en semejante verticalidad, empiezo a dudar si la vista es magnífica o sobrecogedora….o ambas. Como uno de mis principios de vida es El Poder del Ahora, porque el ayer ya pasó y del futuro….ni idea, me sumerjo en la delgadez de mi bolsita de nylon y navego con la música de mi Ipod, y en ese viaje hago un recorrido hermoso por el mundo. Con Prem Joshua me voy hasta Katmandú y llego hasta el Himalaya; Ludovico Eunaudi me lleva de la mano a esa parte mía del alma, donde habita el niño que no ha perdido ni la inocencia ni la sonrisa; Juan Luis Guerra me lleva hasta Japón con su bachata en Fukuoka; Marissa Monti canta muy dulce su Infinito Particular y me arrulla con su voz, con su portugués, con su saudade y entonces, me duermo…… me duermo abrazado a mi niño, y le tranquilizo diciéndole que no se preocupe, que a ese Loco, mañana lo vamos a atar y que vamos a llegar a su cima. Me sumerjo en mi propio viaje a mi infinito particular. (Diego querido, muchas gracias por haberme enseñado este bello camino de la música)

La luna llena que acababa de salir por detrás de la pared inmensa de las Grandes Jorasses

El Topito preparando la plataforma para el segundo vivac

Día 3

Esta noche he sentido menos frío que las dos anteriores. ¿O será que ya me estoy acostumbrando al maltrato? ¿Qué será?

Repitiendo la ceremonia de desentumecer los huesos, sacar el cuerpo de la funda de nylon y hacernos los desentendidos con las ganas de un desayuno que incluya cafecito en leche, cruasán, mantequilla, mermelada y huevos revueltos….nos mojamos las ganas con unos íngrimos dos cientos centímetros cúbicos de Tang de naranjilla, un pedazo de pan integral y otro de queso gruyere.

-A lo que vinimos panas-

En los rostros de la Carla y el Topo busco el mío mismo. Me encuentro, me identifico, y me animo porque si así es como estoy, entonces estoy bien, teniendo en cuenta que las jornadas han sido duras, que el estrés deportivo (como lo llaman los entendidos) ha sido alto, que hemos dormido mal y poco; y para completar el cuadro, mal comidos, por una cuestión logística de peso.

Efectivamente – A lo que vinimos panas –

Después de una travesía sin mayores complicaciones llegamos al pie de la ya mentada Aguja del Loco. Llegados a este punto de la crónica, no de la escalada, debo decirles que a mí me suena mejor el nombre en francés, Aiguillie du Fou, se escucha como más delicado, como más sutil. Sin duda el francés es el idioma del amor. Verdad ¿mon amour?

Ver escalar al Topito moviéndose hacia arriba, como un pez en el agua, es un verdadero deleite. Es lo suyo, jugar con la verticalidad, sacar provecho de sus brazos y sus piernas largas para ganarle la apuesta a la gravedad. Avanza, atisba, respira, se detiene, asegura y sigue subiendo.

Después de siete ¨largos¨ hemos cubierto todo el espigado recorrido de la Aiguillie du Fou, que efectivamente hasta aquí han sido los más duros de escalar. En el quinto ¨largo¨ Carla nos hace caer en cuenta que el viento que nos está pegando viene desde el sur y que ese aire, que se lo conoce como ¨Mistral¨, es de muy mal augurio, la secuencia es esta: primero aparece el viento, luego los nubarrones, después viene la granizada como antesala de la nevada y la tormenta eléctrica.

El último tramo lo hemos hecho con un cielo preñado de gris que al no aguantar sus dolores de parto empieza a dar a luz unos granizos bien grandes, cuando retiro el último seguro, mi chaqueta de Gore Tex hace eco de los golpes de los trozos de hielo. La celebración de la cima de la Aguja, es un simple chocar de manos, no da para más, debemos buscar de urgencia un sitio donde pasar la noche.

LLEGA LA TORMENTA

Nos cambiamos de zapatos, los pies de gato por las botas de escalda, desescalamos unos metros por el lado sur y casi enseguida encontramos una repisa bastante cómoda para montar el vivac. Con la granizada pisándonos los talones logramos sacar las bolsas de nylon, acomodar los colchones aislantes y darle dos mordiscos al pan integral y al salchichón.

La terraza, que es perfecta para tres plazas, está de un lado protegida por la roca y el otro mirando al vacío. Carla y Topo se ponen juntos pegados al muro y me ceden gentilmente el lado que mira al vacío. Estoy a punto de acceder a la oferta, pero acordándome de un vivac durísimo que hice hace muchos años en la Pared Norte del Obispo, en Ecuador, en el que nos llovió toda la noche, prefiero escoger otro lugar que tiene piso de arena y en lugar de acostarme decido encarar a la granizada sentado, y esto lo hago por dos razones. Primero, porque la arena es un excelente aislante del frío y de la humedad. Y si la tormenta es como presagia la Carlita habrá agua por montones. La roca recoge el agua y se hace una cocha, la arena absorbe el agua y no pasa mayor cosa. Segundo, al estar sentado hay menos área de contacto con la humedad, y si algo es asqueroso en la montaña….es pasar una noche tiritando de frio por la humedad.

Los Topitos en su lecho de piedra y este servidor sentado en un cuchito de arena. Así dispuestos le recibimos a la granizada.

El concierto dura una hora y media, al final del cual quedo medianamente mojado, es decir los hombros, las manos y una parte de las rodillas. Después de la última nota musical de los granizos golpeando la roca y mis ropas, saco tímidamente la cabeza de la bolsa de nylon y compruebo que, en efecto, la tormenta ya pasó. Sin pensarlo dos veces me desembarazo de la húmeda bolsa y como para mantener el ánimo le digo a la Carlita – ¿y eso era todo mi reina? Fuuu estas tormentas de los Alpes han sido puro escándalo nomás-

Nos animamos a salir de las fundas para comprobar los daños y perjuicios. Mi balance es bastante bueno pero el de los Topitos es bien serio, casi tienen mojado el 60 por ciento de la ropa. Teniendo en cuenta que son cerca de las nueve y que la noche será bien larga les conmino a mis pares a que nos demos modos para secar las fundas de vivac para que de ese manera la noche no sea tan dura y tan fría. Agitando mi funda con movimientos bruscos para espantar el agua y la humedad, compruebo que la situación de los Topitos es peor de lo que me imaginaba y automáticamente hago ascender la valoración a un 80 por ciento. Mientras continúo sacudiendo la tela al aire se me ocurre, como si fuera un capote, ensayar un par de verónicas rematadas con una rebolera y yo mismo me jaloneo un ¡ole!, en una metáfora de que hemos salido más o menos airosos después de la embestida de la tormenta.

Una vez más me sumerjo en la funda de vivac y compruebo el acierto que fue sentarme en el lugarcito de arena. Como si fuera un rito acomodo pacientemente mi espalda contra la roca colocando entre ella y mi nuca el gran ovillo de la cuerda morada para que mañana la tortícolis no sea tan severa. Alrededor nuestro las nubes y la neblina con su lengua de humedad y frío lamen nuestros cuerpos en un acto ausente de lascivia, la luz de las lámparas frontales le dan un aspecto espectral al ambiente. Con mi culo pegado a la arena y mi espalda a la piedra comenzó a tararear el Si tu no vuelves de Miguel Bosé y me quedo en esa parte que dice…. y cada noche vendrá una estrella a hacerme compañía, que te cuente como estoy y sepas lo que hay… porque precisamente esta noche no hay ni una sola estrella y por tanto no hay compañía.

Románticamente supongo que el pasar de esta noche será solamente una cuestión de paciencia y esperar que las horas pasen lentamente, sin saber que lo peor estaba por venir.

Iván Vallejo Ricaurte

EXPEDICIONARIO

desafio14@ivanvallejo.com

 

SIGUIENTE ENTREGA: LA SEGUNDA TORMENTA 

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