Katmandú 11 de octubre de 2012

Queridos amigos del Ecuador y del mundo

Recién llegado a esta ciudad que a pesar de su ruido, locura y desorden no deja de encantarme. Desde aquí les envío este fraterno abrazo para agradecerles infinitamente por las innumerables muestras de solidaridad y de cariño que han tenido la bondad de hacernos llegar. Apenas ayer he podido leer todos los mensajes que me han enviado y ha sido muy reconfortante reconfirmar que en este proyecto estamos bien acompañados por la muy buena energía de todos ustedes. Muchas gracias por vuestro inmenso apoyo.

Ahora les escribo con la alegría y la tremenda satisfacción que se siente después de que ¨los deberes están hechos¨, usando una expresión común del cole. Antes de ayer y ayer hemos disfrutado de la generosidad con la que Nima Sherpa, el dueño de Cho Oyu Trekking la agencia que nos brinda el servicio en Nepal, ha preparado para nosotros un par de agasajos por la cima lograda. Carla, Esteban, Oswaldo y un servidor disfrutamos ahora de este complemento que, gracias a Dios, siempre llega después de una cumbre alcanzada.

Mientras estaba en el Campamento Base he tenido suficiente tiempo para escribir, a los tiempos, mis acostumbradas crónicas de viaje. Ya están listas y ahora les comparto la primera. A lo largo de estos días les iré enviando las siguientes. Como suelo decir siempre, las he escrito para que las disfruten, ojalá este a la altura de vuestras expectativas. Está primera crónica la he titulado De urgencia de Katmandú a Samagaon.

Un cariñoso abrazo desde Nepal.

Iván Vallejo Ricaurte

SOMOS ECUADOR

 

 

De urgencia de Katmandú a Samagaon

La sensación de resaca recrudece cuando el sol me pega de lleno en la cara. Intento, sin éxito, que las gafas oscuras me defiendan del embate y entiendo que no es solamente la cantidad de luz lo que me pega, es también la temperatura y la humedad que envuelve en el interior del Toyota sedán que me está llevando desde Katmandú hasta el pueblito de Gorka, desde donde iniciaré mi marcha de aproximación hacia el Campamento Base del Manaslú. A pesar de haberme acostado cerca de la media noche y completamente cansado, a las cuatro de la mañana ya tenía los ojos abiertos como platos animado por ese tremendo coctel que es el jet lag, el cambio de horario y las veintidós horitas de vuelo desde mi casa, en la mitad del mundo, hasta Nepal. Intenté volver a conciliar el sueño pero estaba claro que la lucha iba a ser desigual, así que opté por levantarme y escribir unos últimos correos antes de que Nima Sherpa me pasara a recoger por el hotel Malla para llevarme a Ghorka.

Con puntualidad inglesa, cualidad casi imposible por estas latitudes, pasó a verme a las siete de la mañana.

Ahora voy, entre sentado y recostado, como copiloto de Nima, con esa sensación extraña de ir circulando por el carril equivocado ante mi falta de costumbre de ver manejar por el lado izquierdo como lo hacen también en Inglaterra y en la India. Pasada media hora hemos dejado atrás la ciudad y entramos en la carretera principal que une Nueva Delhi con Katmandú, donde como es de imaginarse hay un tránsito feroz por toda la movida comercial que une a estas dos ciudades de estos dos países. De repente, sin el menor reparo Nima empieza a despotricar contra el gobierno y las autoridades de los últimos veinte años (Nima tiene cuarenta y dos) ante el estado desastroso y calamitoso que se hallan las carreteras de Nepal, en general, y de esta en particular. A pesar de ser la arteria de comunicación comercial más importante del país, dispone solamente de un carril por lado y cada uno de éstos tiene un ambiente lunar, por la innumerable cantidad de huecos que hay que esquivar en un ejercicio de surf al mejor estilo pedestre. Y le doy completamente la razón por su enojo, pues por esta misma carretera circulé hace quince años de regreso después de haber logrado la cima del Manaslú, y ahora las condiciones están idénticas, salvo porque a los costados hay unos letreros gigantescos que anuncian la bondades de la comunicación que ofrece NCell, la mayor operadora de celulares de Nepal, amparados en la imagen de una guapa nepalí que fácilmente sería una gran estrella en Bollywood. Como para aliviar su coraje y frustración Nima me dice que todo este abandono se debe a la falta de compromiso de los políticos de turno y el hecho de que la corrupción campee a todos los niveles, y que además esta desidia no solo es en las vías de comunicación, lo es también en la salud y en la educación. Sin hacer ningún comentario asiento la cabeza mientras me acuerdo que Juan Luis Guerra en tono de merengue afirma que es duro cruzar ¨El Niágara en bicicleta¨…¨no me digan que no tienen anestesia, no me digan que los rayos x se fundieron, no me digan que el alcohol se lo bebieron….¨ Así mismo es querido Nima, es bien jodido cruzar el Niágara en bicicleta aquí y allá, en el otro lado del mundo.

La carretera principal de Katmandú que une Nepal con la India, apenas dispone de un carril por lado, sin embargo la angustia de manejar en esas condiciones se compensa por el paisaje verde del país.

Aunque parezca increíble a pesar del meneo continuo, las sacudidas frecuentes y las quejas de Nima empiezo a quedarme dormido confiando en que el cinturón de seguridad haga lo suyo en la eventualidad, no consentida, de que fuéramos embestidos por un camión Tata cargado de cemento hindú. En esas estoy cuando suena el teléfono móvil de Nima, después de un cortísimo saludo me pasa el teléfono –Iván Dai (hermano, en nepalí) is for you- Es Oswaldo, llamándome por el satelital desde el Campamento Base para contarme ante mi asombro y estupefacción que una avalancha de proporciones gigantescas ha barrido todo el campo tres, ha llegado hasta cerca del campo dos y en ese viaje de terror han desaparecido once personas y de milagro se han salvado cuatro. Aunque Nima no entienda ni jota de español, ante mi evidente tono y expresión de angustia cuando escucho y hago preguntas, el intuye que se trata de algo fatal. Después de cerrar el teléfono, me quedo en silencio, inmóvil, haciendo pasar saliva, tratando de armar el rompecabezas. Me saca de esa ausencia la expresión de Nima, entre aseveración y pregunta, –Avalanche-. –Yes Nima, yes. Was a big avalanche- le respondo. Le empiezo a traducir pausadamente todo lo que Oswaldo me acaba de contar y en ese tiempo se le va transfigurando el rostro ante la posibilidad de que alguno de sus clientes, y queridos amigos, italianos sean parte de los accidentados, y peor aún de los desaparecidos.

A los quince minutos vuelve a sonar el teléfono, es Oswaldo otra vez con más información, pero ahora Nima no me pasa la llamada, el mismo es quien le acosa a preguntas, y ante las respuestas recibidas su piel cetrina se pone de blanco. Silvio Mondinelli, ha logrado salvarse de puro milagro, pero su compañero de cordada Alberto ha muerto. Los dos son muy buenos amigos de Nima desde hace más de diez años, cuya amistad ha ido creciendo cada vez con el pretexto de los servicios logísticos que brinda aquél con su empresa Cho Oyu Trekking. Cierra el teléfono, ahora es él quien no articula palabra, solamente atina a decir repetidamente shet, shet. Apenas le da chance la angosta carretera súbitamente da un giro en U y cambiamos de dirección, en un acto de delicadeza me indica que cambiamos de planes, que ya no vamos a Ghorka que regresamos a Katmandú, al aeropuerto, a conseguir un helicóptero para rescatar a los heridos y bajar los cuerpos de los fallecidos. En medio de la tristeza de semejante noticia me halaga ver este acto tan fraterno y solidario de Nima por sus clientes y amigos. A partir de ese momento comienza a realizar decenas de llamadas telefónicas para conseguir piloto, helicóptero y los permisos correspondientes para tramitar el rescate. En medio se semejante caos de tránsito, con el precipicio al costado, al ver a Nima que maneja con una mano y marca con la otra, entro en pánico al pensar en la eventualidad de que no lleguemos nunca al aeropuerto. Me veo tentado a decirle que me permita manejar, aunque sé que este no es el mejor lugar para hacerlo. Mientras él realiza las llamadas que necesita, sabiendo que él es el dueño de casa e intuyendo que le sobran habilidades para salir bien librado en semejantes maniobras, me callo la boca y solamente me limito a ser copiloto que observa. Arranca nuevamente con una nueva serie de despotricadas, ahora contra NCell, porque cada dos por tres se cae la señal y no puede hasta ahora concretar el asunto del piloto y el helicóptero, curiosamente en lo más álgido de las juradas volvemos a pasar junto al anuncio de la bella nepalesa que con sonrisa Colgate y tika en el entrecejo, nos recuerda las bondades de estar bien comunicados.

Con paciencia nepalesa, porque por estas latitudes no cabe ¨paciencia franciscana¨, Nima logra realizar todos los contactos y conseguir los permisos para la ejecución del rescate. Deja a un lado el teléfono y se concentra ahora en conducir a través de esta jungla de máquinas. Intuyo que el aparato estará hirviendo después de semejante jornada y que lo de usar un Iphone es solamente una cuestión de status y no de beneficio operativo teniendo en cuenta que la cobertura es escasa y que desaparece cuando más se necesita, a pesar de que la sonrisa de la nepalesa asegure todo lo contrario.

A las doce y media del día estoy sentado junto a Nima y a un nepalés, cuyo cuñado sherpa ha muerto en la avalancha, dentro de una burbuja de plástico que enseguida se elevará por los aires de camino a Samagaon, un pueblito de raíces tibetanas la pie del Mansalú.

Después de una maratónica gestión de llamadas telefónicas, Nima (izquierda) logró conseguir un helicóptero para movilizarnos directamente desde Katmandú hasta Samagaon.

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