Pico Pobeda

DESPUES DE LA CIMA DEL PICO POBEDA

 

Kirguistán 25 de agosto de 2011

 

Queridos amigos del Ecuador y del mundo

Cuando les escribo esta nota me encuentro a medio camino entre el Campamento Base del Pobeda, sitio que abandonamos ayer, y Bishkek, la capital de Kirguistán, nuestro destino final. Me encuentro, junto con mis compañeros de expedición, a orillas del Lago Issyk Kul tomando un cortísimo descanso antes de terminar nuestro viaje de retorno. Este lago es sin duda un punto geográfico importantísimo en este sector de Asia Central, del cual presume con orgullo la gente de Kirguistán. Issyk Kul tiene una extensión de 8 281 m. cuadrados y es el segundo lago de montaña más grande del mundo, el primer puesto lo ostenta el Titicaca con 8 562 m. cuadrados. Pero los papeles se cambian cuando de la profundidad se trata. El Lago kirguí ostenta el primer lugar con una profundidad máxima de 702 metros, mientras que el lago peruano-boliviano tiene 281 m en su sitio más profundo. El Issyk Kul se convierte en verano en uno de los destinos más visitados por kazajos, usbekos y kirguís, quienes al no tener salida al mar utilizan este lago como su centro de verano. Para esta época del año el agua tiene una temperatura muy agradable y si por alguna razón el visitante al no ser un buen nadador se ve avocado a tragarse una bocanada de agua, el problema no es mayor porque se trata de agua dulce. Comentario que lo hago a partir de mi experiencia personal

Un abrazote y un saludo desde el lago Issyk Kul

Esta vez les escribo para compartirles formalmente la grata noticia, ya difundida en Facebook y Tweeter, de que el pasado jueves 18 de agosto, a las diez de la mañana y cinco minutos, Carla Pérez, Esteban Mena y un servidor logramos la cima del Pico Pobeda, después de seis horas de ascensión a partir del Campamento 5 que lo habíamos colocado a 7 010 m de altitud.

Se podrán imaginar fácilmente que estamos disfrutando de una gran alegría después de esta cima conseguida, si se tiene en cuenta que este objetivo quedó pendiente desde el año pasado. Como ustedes recordarán el verano anterior teníamos como objetivo la cima del Pobeda, pero lamentablemente las condiciones del clima tan caprichoso en esa montaña impidieron nuestro objetivo. Hubo que lamentar la muerte, por agotamiento, de dos montañistas rusos en el Campamento 5, al quedar atrapados en una feroz tormenta de nieve. Los que lograron aguantar, a duras penas bajaron hasta el Campamento 2 desde donde fueron rescatados en helicóptero, varios de ellos con congelaciones en las manos. Nosotros en lugar del Pobeda escalamos la montaña vecina el Kan Thengry. Mientras nos trasladábamos del Campo 1 al Campo 2, por cuestión de minutos nos salvamos de quedar enterrados en una avalancha de grandes proporciones, la misma que cegó la vida de dos colegas montañistas y en cuyo rescate debimos participar.

Con todos estos antecedentes ya se podrán imaginar todos los rollos que pasaban por nuestra cabeza. Estarán de acuerdo conmigo que, sin duda, los peores contrincantes con los que uno puede encontrarse a la hora de la verdad, son los propios monstruos y los cucos mentales que uno va creando, con razón o sin razón, pero que, cual tormento chino, poquito a poquito van limando la firmeza y la seguridad.

Gracias a Dios esta vez todo salió perfecto, mejor no pudo haber sido.

Inmediatamente después de la cima del Pico Lenin (6 de agosto), que la conseguimos como parte de la aclimatación, tomamos dos días de descanso en Bishkek y nos trasladamos enseguida, en helicóptero, al Pico Pobeda. Unos minutos antes de aterrizar en el Campamento Base ya fue posible ver a través de las ventanillas esa mole inmensísima del Pobeda. Las primeras imágenes que se me vinieron a la mente era la de los rescatados con sus caras entre la languidez y la angustia, mostrando sus dedos ampollados por las congelaciones. Aparté enseguida de mi mente esa parte del vaso vacío y me llené en cambio de la luz y del cielo azul con el que ahora se cobijaba el Pobeda.

Aparté enseguida de mi mente esa parte del vaso vacío y me llené en cambio de la luz y del cielo azul con el que ahora se cobijaba el Pobeda.

Después de descargar nuestros cuatro bultos de equipo y los dos bidones de comida, amén del resto de equipo de otros colegas, la nave emprendió su vuelo de regreso y nos quedamos en silencio…..frente al Pobeda. La misma montaña, la misma grandeza, la misma imponencia, frente a las mismas dudas, el mismo miedo, las mismas voluntades y las mismas esperanzas.

Gracias a la generosidad de mi buen amigo Vitor Baía (Portugal) quien tiene la bondad y la gentileza de ayudarme con los partes meteorológicos desde cuando andaba en el tema de los ochomiles, supimos que había una ventana de buen tiempo que comenzaba al día siguiente. Apenas colocamos nuestras cosas en las carpas que nos habían asignado en el Campamento Base y alistamos las mochilas para partir al día siguiente (sábado 13 de agosto), de camino, ojalá, a la cima del Pobeda.

El sábado 11 de agosto a la una de la tarde dejamos el Campamento Base.

Despidiéndonos de Dimitriv (el jefe del Campamento Base) y Yula (la guapa rubia rusa jefe de cocina del Campamento), nos adentramos en el larguísimo glaciar que lleva hasta el Campamento 1. Llevábamos unas mochilas de miedo (por el peso, me refiero), pesadísimas, y no podía ser de otra manera, si el plan suponía siete días, y seis noches, para poder lograr la cima.

Para acortarles la historia, con esas mochilas descomunales, llevando todo a cuestas como gitanos o nómadas (como le gusta a la Carla), el sábado 13 colocamos el Campo 1, el domingo 14 el Campo 2, el lunes 15 el Campo 3, el martes 16 el Campo 4 y el miércoles 17 el Campo 5 a 7 010 m de altitud en el inicio de la arista que conduce hasta el espolón final del Pobeda.

Uno de los tramos de escalada entre el Campo 3 y el Campo 4 es bastante vertical y muy entretenido.

En la madrugada del jueves 18, a las cuatro de la mañana, dejamos el Campamento 5 y salimos con la plena seguridad de que, Dios mediante, ese iba a ser el día para llegar a la tan anhelada cumbre del Pobeda. La noche estaba preciosa, una vía láctea inmensa y brillante, las estrellas brillando con luz propia y en el horizonte, a ambos lados de la arista, podía imaginarme el montón de siluetas del montón de montañas que hasta esa hora estaban discretamente sumergidas en el anonimato.

Recorrer la arista que va desde el Campamento 5 hasta el inicio del espolón que lleva a la cima del Pobeda nos tomó dos horas, estábamos felices por el tiempo que habíamos hecho. Hacía bastante frío y el viento le hacía la segunda de manera perfecta, como para ponerle a la situación un tonito más emocionante. Chequee el termómetro y daba 22 bajo cero, sin factor de viento, preferí no hacer los cálculos y quedarme con los - 22 nomás, para qué complicarme la vida con las matemáticas.....y peor a esa altura, a siete mil metros.

El espolón final es un gigantesco cono de roca, nieve y hielo que se yergue con imponencia desde los siete mil metros hasta los casi siete mil quinientos de la cima. En la parte final, de igual manera para hacer más emocionante el asunto, hay una arista de nieve delgadita como una cuchilla de navaja, donde no hay lugar para equivocarse con algún tropiezo, porque al ser así la humanidad del marchante iría a parar a los glaciares de China o a los glaciares de Kirgistán (tres mil metros más abajo), en caso de que el susodicho rodase por la ladera oriental, en el un caso; o por la ladera occidental en el otro caso. A mí me preocupaba que no llevara el pasaporte conmigo para ninguno de los casos.

Por fin a las 10h05 de la mañana se terminó esa arista que parecía interminable, nos juntamos los tres en un abrazo emocionante y fraterno, y para ganarle al ruido del viento nos juntamos más todavía y rezamos por gratitud, lloramos de gratitud y sentí en ese abrazo tan cálido de la Carla y el Topo todos los sentimientos que se habían guardado desde hace un año. Esas dudas, esas incertidumbres y esos miedos, que hoy, gracias a Dios, eran conjurados por el entusiasmo, la voluntad, la esperanza y sin duda, la Buena

Suerte, de tener un clima perfecto en medio de los caprichos del Pobeda. Con semejante viento no dio para mucho la celebración, nos tomamos las fotos de rigor y para abajo, a buscar mejor protección.

El pasado jueves 18 de agosto a las diez de la mañana en la cima del Pobeda 7 439 m, después de un año de espera. Carla e Iván. Topito toma la fotografía

Esas dudas, esas incertidumbres y esos miedos, que hoy, gracias a Dios, eran conjurados por el entusiasmo, la voluntad, la esperanza y sin duda, la Buena Suerte, de tener un clima perfecto en medio de los caprichos del Pobeda.

A las dos de la tarde y dieciocho minutos estuvimos de vuelta en el Campo 5. Como era lógico estábamos cansados y con sed, pero felices porque se estaba cerrando un círculo que había quedado abierto hace un año justamente. Dos días más tarde, el pasado sábado 20, a las dos de la tarde llegábamos puntuales, a la hora del almuerzo, al Campamento Base.

El sábado 20 de agosto, en el Campamento 1, al pie del Pobedita, después de siete días de escalada y, gracias a Dios, con la cima lograda.

Queridos amigos, como comprenderán es muy grato para mí compartirles esta noticia y este logro que he tenido la fortuna de conseguir con este equipo humano fantástico: la Carlita y el Topo. Jamás en la vida escalaré una montaña en solitario, eso no es para mí, no estoy hecho para eso. Lo mío es compartir, lo mío son los amigos, lo mío son los panas, lo mío son los parceros, lo mío son los yuntas con los que uno comparte durezas y alegría, triunfos y derrotas

Esta nota que hoy les envío es más bien un resumen cronológico de lo que fue el logro de la cima del Pobeda, a quién hoy amigablemente y con respeto le llamo Pobedita. En estos días de descanso escribiré unas crónicas más detalladas de las sensaciones y sentimientos de lo que fue esta bella escalda.

 

Desde las orillas del Lago Issyk Kul les envío este abrazo fraterno y afectuoso

 

Iván Vallejo Ricaurte

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