La Pirámide (Huaraz, Perú)

COMPLETANDO LA ESCALADA

 

Lima, 01 de julio 2011

Un cariñoso saludo desde el aeropuerto de Lima.

Aquí me encuentro, con mi hija Kamila, intentando desde ayer volar hacia el Cusco, sin mayor suerte. Parece ser que el mal clima y las fuertes lluvias en la zona sur oriental del Perú han dificultado el desarrollo normal de los horarios de vuelo. Esto de viajar, por las razones que fueren: deportivas, turismo, trabajo, etc., requiere siempre de una alta dosis de paciencia y adaptabilidad, por los inconvenientes que pueden surgir y con ello echar al traste los planes previamente programados para uno u otro evento. En el caso nuestro, los montañistas debemos lidiar muchas veces con el inconveniente del mal clima, y si puede haber algo que resulte tremendamente frustrante es que falle un proyecto por causas de terceros. Esta amarga sensación la he debido vivir en muchas ocasiones, pero no me queda ninguna duda de que las lecciones aprendidas en cada uno de esos sinsabores han aportado mucho en mi vida, personal y deportiva.

La ventaja de la espera de ahora es que me permite hacer un paréntesis y poder escribir la crónica que estaba pendiente sobre nuestro regreso, a completar lo que nos faltaba, en la escalada a la Pirámide.

Esta es la historia.

Inicio esta crónica con un comentario que hice la última vez, al anotar que retomar un proyecto en el que se ha fracasado es, sobre todo, un ejercicio de humildad. Y en nuestro caso esto pasa porque al habernos faltado 180 metros para completar la escalada de la Pirámide, en el siguiente intento no es que por un acto de magia llegamos directamente al sitio abandonado la última vez y desde allí retomamos solamente los metros faltantes. No. ¿Qué va? Ya quisiéramos que fuera así.

Hay que volver a hacerlo todo, desde el principio: las compras en el mercado y en el supermercado, contratar el transporte, preparar las mochilas y enchufarse las tres horas del camino de polvo hasta llegar a la Laguna de Parón. En todo caso, todo este proceso logístico por ser físico es fácilmente replicable, al que hay que ponerle mucha atención es al proceso emocional, me refiero con esto a que también hay que rehacer el entusiasmo y las ganas auténticas de volver a escalar una montaña, donde antes se ha fracasado. Aquí está la clave, desde mi punto de vista, para un segundo intento.

Ventajosamente la reunión tenida inmediatamente después del primer intento fue muy valiosa y todos quedamos, sobre todo, entusiasmados por el regreso.

Miércoles 15 de junio, Laguna de Parón

Si de algo se precia el clima de la Cordillera Blanca es de ser muy estable, lo cual significa días con cielo azul y buenas condiciones, pero hoy que nos bajamos del transporte, parece mentira, el cielo está muy cubierto y hay una carga importante de nubes justo encima de la Pirámide, se completa el panorama con el viento que sopla y nos obliga a ponernos chaqueta para realizar el acercamiento hasta el Campo Base de la Pirámide.

Mientras voy caminando por el borde de la laguna se me pone la piel de gallina al pensar que podríamos fracasar por segunda vez si el clima se estropea. Echo mano del optimismo que me precio de tenerlo, casi siempre, y conjuro las dudas. Me sumerjo en la música del Ipod y me ilusiono cuando escucho Valicha , de Raymi Sessions , un huaynito peruano, recontra clásico, que lo bailé por primera vez en 1988 aquí en Huaraz precisamente. Hoy, Janio Cuadros ha hecho una excelente versión chill out de ese y otros temas andinos, clásicos peruanos. Mientras repito Valicha varias veces, me imagino bailando nuevamente el próximo sábado, en el Tambo, en Huaraz, celebrando la cima de la Pirámide.

Miércoles 15 de junio. 20h00

Siempre en la vida es una cosa por otra. El viento que nos molestó en la subida hasta el Campamento Base ha servido para limpiar las nubes y nos queda ahora una noche preciosa. La luna llena acaba de salir por detrás del Chacraraju e ilumina todas las montañas de la quebrada de Parón, y las del resto de la Cordillera Blanca, supongo. Lo que tenemos alrededor nuestro es una hemorragia de luz de plata inundando las cimas del Huandoy, Pisco, Chacraraju, Pirámide, Caraz y Esfinge. Para que todo quede perfecto en algún momento de la noche la luna llena logra verse lo bella que está en el espejo inmenso de la Laguna de Parón.

Momento perfecto, soy muy feliz de estar aquí, junto a estos queridos amigos míos, familia por elección, compañeros de aventuras y sueños, compartiendo este cielo, estas estrellas, esta luna y la misma ilusión de completar la escalada a la Pirámide.

Lo que tenemos alrededor nuestro es una hemorragia de luz de plata iluminando las cimas de la quebrada de Parón

Jueves 16 de junio

Parece ser que mientras dormíamos, al menor descuido, las nubes desalojaron furtivamente a la invitada de la noche y ahora que nos despertamos el cielo vuelve a estar cubierto, y hoy más que ayer. Me vuelven las dudas, pero me las callo, me las guardo, en la total seguridad de que el ánimo de mis compañeros es lo suficientemente fuerte e intenso para disipar mis propias nubes.

Después de almorzar el arroz chaufa que hemos traído desde Huaraz, nos quedamos listos para la siesta. Nos metemos a la tienda con esa intención, pero yo no logro pegar el ojo porque la verdad….estoy preocupado, las nubes están más cargadas y justo encima de la Pirámide. Hace más viento y para colmo, empieza una ligera nevada. Intento leer uno de los cuentos escogidos por Sábato y no me concentro. Las sacudidas del viento a la tela de la tienda me recuerdan que afuera las cosas no son perfectas. A ratos me dan ganas de comentar con los chicos la idea de aplazar la escalada, pero eso sería casi imposible porque hemos ordenado para el sábado el transporte, los porteadores y, sobre todo, porque la comida está calculada para los día exactos. Vuelvo una vez más sobre varios recursos que suelo usar en estos momentos para no perder el entusiasmo y me sostengo en ellos. Quiero bailar la Valicha en el Tambo.

22h30

Suena el despertador. La Carlita tampoco ha dormido, el Topito en cambio, como un bebé, y como siempre. Abro enseguida la tienda para ver el clima y el panorama es triste, la Pirámide está completamente cubierta, hace viento y de vez en cuando vienen unas ráfagas de nieve. Pero la suerte está echada.

El Topito desayuna doble ración de avena, Carla y yo Milo con leche que remojando el pan nos queda buenísimo. El Ossy y su esposa Ámber están en la otra tienda.

Vestidos y equipados afuera de la tienda, es evidente que no tenemos los mismos ánimos de la última vez. No hay duda que hace una gran diferencia entre escalar bajo un cielo estrellado o bajo uno oscuro y con nubes, como es ahora nuestro caso, y que además, empieza a nevar.

Nos despedimos de Ámber y en la seguridad de que bajaremos cansados y con hambre, Dios mediante después de haber completado la escalada, le pedimos que nos tenga una sopa calientita, como la última vez.

Mientras cruzamos el glaciar recorriendo nuestras mismas huellas de hace siete días, no termino de encontrar la motivación suficiente para animarme y subir con el entusiasmo que suelo hacerlo. Recurrentemente se me cruza la idea de la posibilidad de no lograr escalar la Pirámide porque el clima se termine de estropear y se nos agüe la fiesta. Estos estados en los que no cuento con el ánimo suficiente para prenderme del todo, para gozarla al máximo, siempre me incomodan y no porque me moleste aceptar el hecho de no estar siempre optimista. No, por ahí no va lo mío. Va porque este estado pendejo me impide disfrutar de lo que estoy haciendo. Y si uno no goza lo que está haciendo, entonces ¿para qué hacerlo? Metido en esas divagaciones, providencialmente sale al escenario, desde el Ipod, Pastillas para no soñar de Joaquín Sabina y me llega perfecta esa parte que dice: Si lo que quieres es vivir cien años, vacúnate contra el azar, deja pasar la tentación…y si protesta el corazón, en la farmacia puedes preguntar: ¿tiene pastillas para no soñar?

Caigo en cuenta entonces que este azar de no saber si con este clima llegaremos o no a completar la escalada, es lo que está anulando mi entusiasmo. Como no hay farmacia cerca y tampoco quiero comprar esas pastillas para no soñar , decido cambiarme el chip y a pesar de la nevada comienzo a soñar en que llegaremos a la cima, que bajaremos con bien y lo celebraremos como es debido bailando la Valicha en el Tambo.

A las 4 y 30 de la mañana llegamos al inicio de la parte más vertical de la escalada.

Teniendo en cuenta que toda la escalada son quince largos, de 60 metros cada uno, democráticamente decidimos que los cinco primeros serán míos, los siguientes del Ossy y los finales del Topito.

Comienzo mis cinco largos.

Sin ninguna duda, ir de primero de cordada es uno de los mejores placeres que otorga la escalada, ahí se mezclan varias sensaciones: el temor al camino desconocido, el miedo a caerse, el recelo a equivocarse y sobre todo la adrenalina, la harta adrenalina que corre por las venas cuando uno entra en ese trance.

Mientras escalo esos largos apoyado por mis compañeros, confirmo que esta vida, con estos eventos de incomodidad, de inseguridad y que tienen siempre una cuota de riesgo, es la que me gusta, y que con las limitaciones que tengo, estoy hecho para esto.

Termino mi sección y el tiempo ha pasado volando. Son las nueve de la mañana, hace frío, sigue nevando, sopla el viento y lo más complicado es que a través del corredor de hielo que estamos metidos se canaliza toda la nieve que cae desde arriba y se forman unas mini avalanchas que nos empapan por completo y quedamos con una pinta de escaladores en pleno invierno, que para motivos fotográficos quedamos de calendario.

Hace frío, sigue nevando y por donde estamos escalando se canaliza toda la nieve que cae desde arriba. Quedamos con una pinta de escaladores en pleno invierno.

El turno del Ossy. Me acuerdo muy bien como disfrute de ver los largos que hizo la vez anterior, escalando pausado, seguro y muy cuidadoso en las reuniones. Hoy apenas si logramos verlo, el sube por encima nuestro y su figura es un amasijo informe de torbellinos de nieve polvo que en su ejercicio de ir ascendiendo nos arroja desde arriba más nieve y más hielo con lo cual todos quedamos cubiertos de blanco y muertos de frío.

A las doce del medio día Ossy termina su sección y a pesar de las malas condiciones celebramos emocionados porque estamos en el punto exacto donde nos volvimos la vez pasada, con el detalle que hace 8 días en este mismo lugar eran las cinco y media de la tarde, y ahora es medio día. Es decir, vamos con cinco horas de ventaja. En las condiciones más extremas y complicadas que ustedes se puedan imaginar el Ossy debe ir al baño, y lo debe hacer en una pendiente de 75 grados cubierta de hielo, con viento desde abajo y con nieve desde arriba. La verdad, pienso, debe encantarle este deporte para aceptar semejantes condiciones para hacer algo tan trivial como ir al baño.

Vamos ya diez horas escalando en las mismas condiciones: mucho frío, mojados, nevando y con la exigencia adicional de la escalad. Sin embargo ánimo y alegría no nos falta.

Viene el turno del Topito

Haciendo los cálculos más pesimistas calculamos que a las tres y media habremos terminado la escalada.

Arranca a escalar el Topo y los dos primeros largos los resuelve con la maestría y la elegancia que le caracteriza, haciendo parecer sencillo lo que en realidad es complicado.

Al tercer largo las cosas se complican, nieva con más fuerza y el hielo con el que tiene que negociar es de mala calidad, con mucho aire lo cual impide fijar seguros de confiar, y cuando no encuentra hielo le toca nadar, literal, en una colada de nieve donde es impensable poner un seguro. El tercer largo del Topacio se nos hace eterno mientras esperamos en la estación. Ya no sabemos cómo colocar los pies por la verticalidad del hielo y la incomodidad. Nos imaginamos que está en problemas por el tiempo que necesita para cubrir sus 60 metros. Desde arriba nos cae de todo, hielo y nieve en todas las formas, tamaños y cantidades. Nosotros tres acurrucados, con el lomo doblado aguantando las avalanchas de nieve y hielo. Finalmente nos da la orden de que podemos subir y cuando me llega el turno de recorrer el canalón compruebo con espanto que estamos sobre un hielo de llorar y en una pendiente de 75 grados, se me ocurre pensar: puta, si nos resbalamos uno de nosotros, los cuatro vamos a parar de una a la Laguna de Parón….con lo fría que ha de estar el agua a estas horas….jejeje

Cuando llego a la reunión le abrazo al Topito para felicitarle por semejante largo de terror que acaba de pegarse. Por fin se ve desde allí la salida a la cima. Al fin, al fin, pero el clima para peor. Va por su nuevo largo y al pobre le toca nuevamente nadar en una nieve malísima, sin sitios donde poner seguros, pero ventajosamente la pendiente nos da respiro. Una cosa por otra.

Cerca de llegar al final el clima se pone peor. Carla en medio de la nevada llegando a la arista final

A las cinco y media de la tarde, por fin, terminamos la escalada que quedó pendiente hace ocho días. El punto más alto de la cima está a unos diez metros por encima de nosotros. El Topito nada, navega, se arrastra y lo hace sin mayor suerte comprobando que es imposible llegar al punto más alto. Por unanimidad decidimos que esa es nuestra cima de la Pirámide, son las seis de la tarde, hemos logrado escalar los mil metros de desnivel que dejamos pendientes hace una semana. Nos tomamos dos fotos empapados de nieve, un abrazo afectuoso con dejo de preocupación, nos cambiamos de guantes y repasamos con todo cuidado todo lo que debemos hacer para descender. Nos esperan, por lo menos, seis horas más de trabajo antes de llegar a nuestra s carpitas en el Campo Base.

A veces mis amigos me dicen que llegar a la cima de una montaña debe ser un momento maravilloso. No siempre, les respondo yo, siendo consecuente con momentos como estos en el que después de diecisiete horas de jornada, empapados y con frío tenemos que pensar en el descenso, porque la verdadera cima, está abajo en el Campo Base.

A las cinco y media de la tarde, por fin, terminamos la escalada que quedó pendiente hace ocho días.

 

El primer rapel está instalado a las seis y cuarto de la tarde y a partir de allí en un ejercicio contínuo de buscar el lugar adecuado para fijar un seguro, confiar en él, lanzar las cuerdas por los aires y luego bajar por ellas. Nos dan las once de la noche, cuando llegamos al último descenso y estamos a buen recaudo pudiendo considerar que hemos escalado la Pirámide

El torrente de adrenalina desaparece, por fin nos podemos relajar y nos abrazamos para celebrar esta escalada preciosa. Este si es el abrazo de la celebración.

Mientras cruzamos el glaciar hasta llegar a nuestras tiendas, de repente, me aquejan todos los males: tengo hambre, me duelen mucho los pies (por las diecisiete horas de posición incomoda mientras escalabámos) y estoy cansado. No sé cuál de las tres necesidades tienes mayor urgencia. No sé si tirarme al piso para descansar, apurar el paso para llegar al campamento y tomar sopita o sacarme las botas en medio de la nieve y darme masajes en los pies. Humildemente entiendo que no tengo derecho a ninguna de las opciones, lo que me queda es descender pacientemente hasta el campamento y cuando llegué allá deshacerme de las botas y luego a abrazar a Ámber por gratitud, por la compañía y la sopa que nos tendrá preparada. Mañana cuando llegue a Huaraz, tendré otro tipo de cansancio, pero nada que no se pueda arreglar con una ducha calentita, una sopa criolla con causa huarazina en el Asadero, y con el primer sorbo de una Cuzqueña.

Después nos iremos al Tambo.

Si mañana en el Tambo bailaré la Valicha

Al día siguiente. Con la alegría de los deberes hechos, de noche iremos al Tambo.

 

Afectuosamente,

Ivan Vallejo Ricaurte

EXPEDICIONARIO

 

 

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