Desafio 14






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EL DESCENSO

 

A veces en medio de una batalla que parece interminable, el guerrero tiene una idea y consigue vencer en pocos segundos. Entonces piensa: ¿Por qué sufrí tanto tiempo en un combate que ya podía haber sido resuelto con la mitad de la energía que gasté? En verdad, cualquier problema, una vez resuelto, parece simple. La gran victoria que hoy parece fácil fuel el resultado de pequeñas victorias que pasaron desapercibidas. Entonces el guerreo entiende lo que sucedió y duerme tranquilo. En vez de haberse culpado por haber tardado tanto tiempo en llegar, se alegra por saber que terminó llegando.

El Guerrero de la luz - Paulo Coelho

 

Bajen con cuidado, bajen con cuidado…

Así me voy repitiendo mientras bajamos por las cuerdas. Luego llega la noche con nosotros, como dos luciérnagas chiquititas, sobre la piel inmensa y helada del Kangchen.

El descenso se hace eterno, no vemos la hora de llegar, parece que la ladera se hubiera estirado ahora de regreso. Siento el cansancio, siento la necesidad de sentarme, de tumbarme en la nieve para descansar y lo hago. Vuelvo a ponerme de pie y sigo bajando. Tengo la boca seca y la garganta adolorida, casi no puedo tragar y siento mi estómago destrozado dando estertores que me llevan a la nausea primero y después al vómito. Mañana cuando llegue al Base pediré una lata de esos duraznos chinos que estaban buenísimos para regarme el almíbar en la cara. Cuando llegue a la civilización comeré muchos mangos, cuando llegué a Madrid pediré muchas claras (cerveza con Kas Limón) y cuando llegué a Ecuador me he de tomar un vaso gigante de jugo de fresa con naranja. Tengo sed, me muero de sed. Tengo mucho dolor de estómago. Entonces siento otra vez que me habla el Kangchenjunga:

 

Ahí va ese par de luciérnagas, bajando juntas, despacito. Están agotadas, extenuadas y no es para menos, lo han dado todo, me consta, por eso mismo yo también les he obsequiado todo. Es curioso lo que puedo sentir de ellos, ahora hay algo que los ha cambiado,  unidos por el esfuerzo, el miedo, el entusiasmo, la preocupación y la alegría de la cima, ya no son los desconocidos que eran antes, ahora son hermanos que se hablan con otro lenguaje. Bajen par de luciérnagas, bajen seguras que todo está bien…

 

A las nueve de la noche por fin llegamos a nuestra casita de tela, a nuestro refugio. Nos sacamos los crampones y nos metemos dentro con botas y todo.

-¡Ya está Joao lo logramos, lo logramos! Nos estrechamos una vez más las manos.

Los dos estamos agotados al extremo, 18 horas de competencia, de tres de la mañana a nueve de la noche en las condiciones más duras: con frío, sin oxígeno, con un solo litro de agua y en una de las montañas más altas del mundo. Sólo queremos agua, un poquito de agua, nada más. Pero hoy la tenemos complicada, no podemos encontrar los tanques de gas que Joao dejó la última vez en este Campo 4, escondidos bajo la nieve. Desesperadamente nos chupamos un par de hielos que se han formado en el piso de la tienda. Agotados, sin gas y sin agua que beber, la noche se vuelve eterna. A saltos y a brincos pasan las horas con el único sueño de llegar al campo 3, prender el hornillo, fundir nieve y beber agua… agüita.

 

 

En la tarde anterior, mientras descendíamos, este  espectáculo de regalo:
solo nubes bajo nuestros pies, y al fondo del todo el Everest (8 848), el Lhotse (8 516) y el Makalu  (8 463)

 

Martes 23 de mayo de 2 006

Ayer coroné el Kangchenjunga. Es en lo primero que pienso.

Me duele la panza a lo bestia, ya mismo vuelvo a vomitar otra vez, tengo la garganta echa pedazos. ¡Pero no importa porque ya coroné este Kangchen bello y precioso, cuando llegue al Base empezaré a sanarme!

-Joao, Joao lo hicimos bien, ¿no?                                 

A las once de la mañana llegamos al campo 3 con una deshidratación brutal. Hacemos agua, la bebemos, la sentimos por la cara, ¡disfrutamos tanto de ella! Esta parte de la vida es bella, este acto tan sencillo y prosaico: beber agua que devuelve  la vida a un par de fatigados seres humanos.

Levantamos el campamento y empezamos a bajar a la una de la tarde.

Este descenso es más eterno todavía, agotado e inútil, apenas moviendo mi humanidad por la ladera enorme del Kangchenjunga. En un acto de fraternidad maravilloso el Fercho y Ang Nuru suben hasta el Plató a 6 200 a nuestro encuentro para ayudarnos a bajar. Cuando los encontramos, nos abrazamos y vuelvo a llorar de felicidad, ¡gracias por el gesto! Nuru me entrega un termo con sopa de pollo que me sabe a pura gloria.

 

A las siete de la noche me muevo del Campo 1 (6 200) hacia el Base y se me viene un pensamiento: Solamente quiero que llegando al Base alguien me mime; yo mismo me río por la inocencia de mi pedido. Quizás el único deporte en el mundo en el que no puedes pedir que alguien te espere o te mime cuando llegas a la meta es precisamente éste, el montañismo, y más aún el montañismo en el Himalaya. Sin embargo me sigo repitiendo: ¡Sería lindo que alguien me mime en el Campo Base!

Cuando llego al depósito de la Joroba a 6 000, me llevo tremenda sorpresa al encontrar a tres porteadores que visten zapatillas de lona, blue jean y saco de lana, en pleno hielo del Kangchenjunga. En un muy chapurreado inglés me hacen comprender que han subido a ayudar a Ang Nuru, les digo que viene detrás muy cerca. Mientras lo esperan me ofrecen un termo de té con leche, que también me sabe a gloria.

Cuando llega Nuru me explica que los porteadores llevarán nuestras cargas de vuelta a la civilización y empezarán con las mochilas hasta el Base.

¡Guauuuuuuu!  ¡No lo puedo creer!

En mi vida jamás he permitido que un porteador o un sherpa baje mi mochila de vuelta de una cima, no por vanidad, ni mucho menos, simplemente por un hecho de principio. Pero ahora estoy para romper inmediatamente mis propios principios, soy un ser humano inmensamente feliz pero inútil, así que: ¡Aquí mi está mi mochila chicos, bájenla  no más! Hoy no tengo el menor reparo en que el Kangchen me mime de esta manera. Yo  pedía que lo haga  llegando al Base, y él insistió desde antes.

 

Mi cuerpo, y en él mi estómago, mi garganta, mis piernas, mi espalda, mi cuello están destrozados. Saben ahora que ya estoy a buen recaudo y deciden abandonarme porque no dan para más. Llegar al Base será cuestión de paciencia e instinto de sobrevivir. Las fuerzas me abandonan del todo y las dos últimas horas solamente vomito, al inicio la sopa de pollo y el té con leche y después una baba verde que  me sale del estómago con dolor y estertores, seguramente porque ya no tengo más que devolver.

Este deporte mío tan bello, el ejercicio más supremo de humildad y sencillez. Aquí vengo de la cima de la tercera montaña más alta del mundo. Por segunda vez he tenido la maravillosa oportunidad de ser el hombre más alto de la tierra (la primera fue en el Everest), cuando estuvimos en la cumbre del Kangchen no había ser humano alguno que hubiera llegado a esa altitud  por medios pedestres. ¡Que fortuna la mía! y sin embargo, heme aquí echo un guiñapo cada vez que vomito. No me sirve de nada pertenecer al selecto grupo de las tres únicas personas en el mundo con doce ocho miles, para qué los títulos, para qué las estadísticas, eso queda únicamente para la vanidad. Yo solo quiero llegar al Base, beberme el almíbar de la lata de duraznos, echarme a dormir y dejar de vomitar.

A las nueve de la noche al fin entro a la tienda, Daki y Dorje me abrazan y yo  siento una suerte de  embriaguez, causada supongo por  la felicidad y el agotamiento extremos. Siento que floto; todas las palabras suenan como un eco lejano, todo está bien, todo está perfecto, ya no hay cuentas pendientes. Ahora soy libre, estoy feliz,  en paz conmigo mismo. Mañana me daré modos para pedir, desde aquí, tan lejos, que le llegue un ramo de flores con una tarjeta que diga:

 

Hijita preciosa

Ganamos

Ecuador 1 – Kangchenjunga 0

 

 

Ahora sí que comience el mundial.

 

Agotado, envejecido, maltrecho pero con luz y felicidad que brillan y salen desde adentro.
Ya está, ganamos: Ecuador 1 – Kangchenjunga 0


 

Iván Vallejo Ricaurte
EXPEDICIONARIO

EMail: desafio14@ivanvallejo.com
Website: http://www.ivanvallejo.com

El proyecto DESAFÍO 14   en el 2006 es posible gracias a los auspicios de: OCP–Ecuador; Diners Club; MoviStar; Marathon Sports

Con la colaboración de:
DHL; Salud S.A; Maquinet Services; Seguros Alamo, KLM-Air France y Tatoo

 

 

 

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