Desafio 14






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POR FIN LA CIMA

 

El guerreo de la luz debe recordar siempre las cinco reglas del combate, escritas por Chuan Tzu hace tres mil años.
La fe: antes de entrar en una batalla, hay que creer en el motivo de la lucha.
El compañero: escoge tus aliados y aprende a luchar acompañado, porque nadie vence una guerra solo.
El tiempo: una lucha en invierno es diferente a una lucha en verano; un buen guerrero presta atención al momento adecuado en entrar en combate.
El espacio: no se lucha en un desfiladero de la misma manera que en una llanura. Considera lo que existe a tu alrededor, y la mejor manera de moverte.
La estrategia: el mejor guerreo es aquel que planifica su combate.

El Guerrero de la luz - Paulo Coelho

 

Termino de rezar y parado en seco, apreciando la ladera, planeo por donde voy a subir, tratando de imaginar algún camino lógico en medio de ese laberinto de rocas y pasadizos de nieve. Es tan intrincado que desde donde estoy no se puede ver la cima, sin embargo ahora si sé con seguridad que podré llegar a ella.

Con el plan listo arranco a escalar y en ese momento siento una suerte de alas en los pies, estoy casi a 8 500 m y subo volando, mis sentidos aguzados buscando asidero para los pies, cuando voy en la nieve, y para las manos cuando estoy en la roca. Regreso a ver a Joao y compruebo que se ha quedado atrás, cuando me mira levanto el pulgar para animarlo. Al subir por un camino tan intrincado, en algún momento dudo si voy bien y vuelvo a rezar pidiéndole que me de una señal, no pasa un minuto y me topo con un pedazo de cuerda amarilla de una expedición anterior.

 -Te pedí que me ayudes pero no tan rápido. En todo caso te quedo muy agradecido.

Soy muy feliz, porque escalo, porque vuelo por encima de 8 500.

-Yo sé que voy a llegar antes de las seis de la tarde.

Un corredor de rocas que se escarpa mientras subo me lleva a una arista muy delgada, escalo despacio, con cuidado; cuando llego a la cresta puedo asomarme para ver al otro lado y noto que estoy en la línea imaginaria que divide la cara norte de la cara sur del Kangchenjunga. Por un rato me quedo quieto, mirando, y puedo reconocer la vía por la que intenté en el 2002 esta misma cima por dos ocasiones. Allí está el sitio del último campamento donde pasamos una noche de perros, asustados por la tormenta, está la travesía y el croissant. Gracias a Dios la cuenta se va saldando.

Remonto la arista y cruzo unas losas más empinadas todavía, pienso en Joao, paro y lo espero por si quiere escalar asegurado con la cuerda. En tanto llega aprovecho la pausa para notar todo lo que tengo: ¡que precioso, que fortuna la mía!, este cielo azul infinito es mío, el montón de montañas que yacen bajo mis pies, el sol que me acaricia a mí y a las rocas que están bajo mis manos, todas las nubes que se han quedado como congeladas abajo en el valle. ¡Todo, todo esto me pertenece y es mío porque me lo he ganado!

Cuando llega Joao me dice que no es necesaria la cuerda y que podemos seguir libres. Las cuerdas fijas de otros años nos ayudan mucho para saber cual es el camino en este inmenso roquedal.  Llegamos a la chimenea, un paso clave en el acceso definitivo a la cumbre, un tramo cercano a la vertical de unos cuatro metros de longitud; en ese breve tramo mis pulsaciones, a pesar de la inmovilidad, se disparan a unos 170 y 175.

  


Joao escalando en la chimenea por encima de 8 500 m. Al fondo el Everest, el Lhotse y el Makalu.

 

Cruzamos dos planchas más de roca y comprendo, por una cuerda vieja, que debemos salir a una arista: entonces ya es la cima, pienso.

Espero a Joao, se acerca, nos juntamos y vamos hacia la arista; cuando llego al lomo, el viento me golpea ligeramente en la cara, volteo a ver a mi izquierda y encuentro por fin la cima. Allí, delicada, una puntita de nieve en forma de pirámide con pendiente final suave y acogedora. Voy camino a ella, como el atleta que cuenta los últimos pasos para llegar a la meta y en ese tramo me pregunto ¿que me va a pasar? He luchado tanto por este momento, llegué a pensar que se escapaba de mis manos, a creer que no era posible cerrar este círculo que quedó abierto hace cuatro años, en mi primer intento, y que para colmo de males, en mi intención de cerrarlo, se abrió más hace tres días. Hoy voy a quedar en paz conmigo mismo que es lo que más cuenta, que es lo que más me dejará libre. Estoy a un paso de la cima y tengo toda la conciencia para levantarme la manga de la chaqueta de plumas y ver la hora exacta en el reloj: Cinco de la tarde y seis minutos. Doy el último paso y por fin llego... Por unos segundos me quedó plantado y me imagino yo mismo visto desde más arriba: un puntito minúsculo sobre esta enormidad. En ese momento, una fuerza interior hace que me arrodille; acomodado a cuatro patas delicadamente beso la cima y arranco a llorar como un torrente. Lloro, lloro abundantemente, abrazo y  acaricio al punto más alto de esta montaña de 8 586 m diciéndole mientras tanto: ¡Gracias, gracias querido Kangchenjunga, yo aquí insignificante ser humano! A pesar de los sollozos tengo conciencia de que mis lágrimas de sal caen en la nieve de la cima y se hacen una sola, como parte de ella. ¡Gracias, gracias Kangchenjunga yo aquí insignificante ser humano! Sigo llorando. Se acerca Joao, me pongo de pie y lo recibo con un gran abrazo, lloro también con él, me separo, lo vuelvo a abrazar, le agradezco y le doy un beso en la mejilla. Después de secarme las lágrimas levanto los brazos y le agradezco: ¡Dios gracias por esto que me das, por esta vida que me otorgas, por este momento que me regalas!

Saco la cámara y tomo 360 grados de fotos, nubes y montañas bajo mis pies: El Kangchenjunga II, el Yalung Kang; al fondo, a unos 200 kilómetros, mi querida Chomolungma (Everest) bonita, guapa, quieta, despejada. La cámara hace clic y yo soy solo felicidad, gratitud, emoción y lágrimas. Los dos nos tomamos fotos, Joao con la bandera de Portugal y yo con la de Ecuador, después saco la carta de la Kamilita y le doy la razón: Papito vamos a ganar: Ecuador 1 – Kangchenjunga 0.

 

 


Joao en la arista final a un paso de la cima. Yo ya estoy en ella

 

 


A las cinco de la tarde y seis minutos a 8 586 m  en la cima del Kangchenjunga.
“…gracias por esta vida que me otorgas, por este momento que me regalas”

 

El tiempo vuela.

A las cinco y media de la tarde caemos en cuenta que tenemos que bajar, que tenemos que volver, pues la vida está abajo, en el valle. Siento mucha pena tener que dejar esta cima, bajarme de este lugar tan precioso en medio del infinito, pero que me lo he ganado metro por metro. Como para exorcizar esa pena, me inclino, busco, recojo y me guardo en el bolsillo una piedrita de la cima del Kangchenjunga y le dijo bajito: Hoy te vienes conmigo, ya eres parte de mi vida.

Luego tomo más fotos en un acto conciente de llevarme en cada una de ellas este momento, uno de los más bellos de mi vida.

-Vamos Joao. Tenemos que bajar

Como lo había calculado, a las seis y media estamos de regreso en el punto hasta donde llegan las cuerdas fijas. Ya está, lo logramos. Prendo el radio para hablar con el Base

  1. -         Atento Campo Base. Atento. ¿Me copian?
  2. -         Aquí Fercho. ¿Ivansito donde están?
  3. -         Fercho, Fercho acabamos de... (lloro nuevamente),  de bajar de la cima. Ya estamos en las cuerdas, estamos bien.
  4. -         ¡Que bueno, que bueno! Muchas felicitaciones, ahora bajen con cuidado, bajen con cuidado que todavía les falta largo.

 

Continuamos bajando.

 La fe: “… antes de la seis en la cima”

El compañero: “…vamos Joao”

El tiempo: “…este cielo azul infinito es mío”

El espacio: “… tratando de imaginarme algún camino lógico en medio de ese laberinto de rocas”

La estrategia: “....apreciando la ladera, hago un plan por donde voy a subir”

ULTIMA ENTREGA: El descenso en mi estado más extremo de agotamiento.


 

Iván Vallejo Ricaurte
EXPEDICIONARIO

EMail: desafio14@ivanvallejo.com
Website: http://www.ivanvallejo.com

El proyecto DESAFÍO 14   en el 2006 es posible gracias a los auspicios de: OCP–Ecuador; Diners Club; MoviStar; Marathon Sports

Con la colaboración de:
DHL; Salud S.A; Maquinet Services; Seguros Alamo, KLM-Air France y Tatoo

 

 

 

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