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Campamento Base del Kangchenjunga

Miércoles 24 de Mayo de 2006

Muy queridos amigos del Ecuador y del mundo.

Ayer por la noche, a las nueve exactamente, llegué junto con mi compañero de cima Joao García de Portugal, al abrigo del Campamento Base después de dos extenuantes días de descenso. Que largos y angustiosos fueron estos dos días, no veía el momento de llegar y dejar de andar, dejar de caminar. Las dos últimas horas especialmente, desde el C1 al CB, sufrí mucho porque vomitaba continuamente debido al agotamiento en el que me hallaba, y lo único que expulsaba eran bilis porque en tres días no había comido casi nada. Pero al fin llegué al CB, lloré mucho, abracé a Tilok, el cocinero; a Daki, la esposa de Ang Nuru y me senté a seguir llorando a disfrutar de la felicidad de que estaba a salvo para contar la historia de la cima de este KANGCHENJUNGA precioso que de seguro es una de las montañas que más huella dejará en mi vida.

Voy a ir escribiendo y compartiendo con ustedes los diversos capítulos que he vivido con enorme intensidad esta semana que acaba de pasar y que ha tenido como feliz epílogo la cima del Kangchenjunga el día lunes 22 de Mayo de 2006 a las cinco de la tarde con seis minutos y veinticinco segundos. Por ahora les envío un resumen sucinto de cuáles fueron los hechos que estuvieron rodeados para este logro muy importante en mi vida.

 

Esa madrugada, igual que en el intento anterior, hizo mucho frío: 28 grados bajo cero. Estábamos a cerca de 8 100 m y todavía no salía el sol.
Esa madrugada, igual que en el intento anterior, hizo mucho frío: 28 grados bajo cero.
Estábamos a cerca de 8 100 m y todavía no salía el sol.

 El tema es el siguiente. Como ustedes saben el miércoles 17 de mayo españoles y sudamericanos salimos desde el CB con rumbo al C2, para nuestro intento a la cima. Ese día llegamos directamente al C2 como era el plan. Al siguiente día jueves 18 subimos  desde el C2 hasta el C3 (7 250 m) allí hicimos una parada de un par de horas y continuamos directamente hasta el que sería el C4 a 7 700 m. Fue una jornada muy larga y extenuante teniendo en cuenta que cubríamos un desnivel de casi mil metros y que llegaba a la cota cercana a los ocho mil metros.

Plantamos dos tiendas, una grande en la que se alojaban los cuatros españoles y una pequeña en la que íbamos Fercho y yo. La tarde estaba clara y despejaba pero hacía frío, eso nos hacía suponer cómo estarían las condiciones en la madrugada inmediata.

A las dos y veinte de la mañana salimos desde 7 700 pensando en la cima. Efectivamente hacía frío y cuando soplaba el viento más todavía. En toda la rampa empinada que conduce hasta casi la arista de cima nos fuimos turnando para abrir huella en la nieve fresca, era un trabajo muy agotador si se toma en cuenta que estábamos cerca de los ocho mil metros y hacía mucho frío, mis pies, sobre todo el derecho tenía mucho dolor. El termómetro marcaba 28 grados bajo cero.

A las diez de la mañana estábamos a cerca de 8 200 metros, sicológicamente más animados porque ya nos abrigaba el Sol. Continuamos subiendo. A partir de las once de la mañana empezó a envolvernos una especie de ventisca que al inicio fue soportable, ligera, pero que lamentablemente fue en aumento hasta que al medio día se transformó en tormenta; el altímetro marcaba 8 375 m y con mucho pesar veíamos que era imposible continuar. Todas las opiniones coincidían en que debíamos darnos la vuelta.

En medio de la ventisca y con los sentimientos revueltos yo bajaba preguntándome  por qué este Kangchenjunga estaba siendo tan duro conmigo, se trataba de algo personal o qué? Cuando llegamos al C4 seguía rugiendo la tormenta lo cual nos daba un poco de alivio por la decisión tomada, levantamos las tiendas de ese campo y en el descenso hacia el C3 la tormenta fue amainando y para las tres y media de la tarde la cima del Kangchenjunga y sus alrededores estaba bellamente despejada.

Qué dolor. Qué angustia. Qué pena.

Y mis preguntas inmediatas eran: Es qué tanto esfuerzo, tanta dedicación, tantas horas de entrenamiento y tantas ilusiones se tenían que acabar ahora, así, de un plumazo por una infeliz tormenta de cuatro horas.

Cuando llegué al C3 estaba desecho, había trabajado tanto por esta montaña y una tormenta, esta sí con dedicatoria, nos terminaba enviando al traste todas las ilusiones. Esa noche no dormí nada, sufrí mucho, hasta que cerca del amanecer le escuché al Kangchen y entendí lo que me quería decir. Me decía que hiciera un intento más, que me uniera con Joao García de Portugal que era de la expedición de Ralp Dumovich y que por razones del destino, a esas alturas del partido, Joao se había quedado sin compañeros de expedición y venía ya en camino con la intención de  subir solo a la cima del Kangchenjunga.

Ya está, esa era mi oportunidad. Eso era lo que me quería decir el Kangchenjunga, que lo intentara una vez más, aunque eso significaría un brutal esfuerzo físico.

Participé a mis amigos la idea de un nuevo intento con Joao en vista de que el clima iba para mejor pero la propuesta no tuvo mucha acogida y con razón, porque significaba intentar una vez más la cima, enseguida, sin descanso, sin bajar al Base, pues Joao ya estaba de camino al C2.

Me dio miedo lo descabellado de la idea, me tomé unas horas para pensarlo bien  y al final le dije al Fercho: Hermano me quedo, creo que esta es la única oportunidad que nos queda. Te animas?

Al pobre Fercho le puse a sufrir con mi decisión. Al final fue muy honesto al decirme que semejante esfuerzo, el de un nuevo intento sin poder descansar como se debe después de bajar de un ocho mil (pues así resultaba ya que habíamos llegado a 8 375), era demasiado para él. Al medio día del sábado 20 el Fercho junto con los españoles se bajaban al Campo Base y yo me quedaba solo con mi decisión esperando a Joao García en el C3 a 7 250 m.

El Domingo 21 nos juntamos en el C3 y continuamos hasta el C4.

A las 3 y 20 de la madrugada del Lunes 22 de mayo salimos rumbo a la cumbre, dos minúsculos seres humanos enfrentados a una montaña enorme, impresionante y preciosa.  De cómo fue nuestra ascensión de bella, de dura, de angustiosa pero con un final maravilloso les cuento en las próximas entregas. Tengan paciencia por favor, pues ahora mismo ya estamos haciendo los bultos para volver a la incivilización. Los porteadores los tengo prácticamente encima de mi cuello. Lo que cuenta ahora es que a pesar de mi cara quemada por el frío, mi estómago destrozado por la ansiedad y por haber comido tan poco y tan mal casi una semana y mi cuerpo acusado por la enorme deshidratación, estoy feliz, inmensamente feliz porque a pesar de mis miedos, de mis dudas, de mis preocupaciones y angustias confié en mi mismo y pude dar los pasos que debía hasta llegar a la cima de esta preciosísima montaña que no me ha regalado absolutamente nada pero me ha dado absolutamente todo.

Con mucho cariño, desde la tranquilidad de mi carpa, un día antes de dejar mi sitio en el Campamento Base del Kangchenjunga.

 

Iván Vallejo Ricaurte
EXPEDICIONARIO

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El proyecto DESAFÍO 14   en el 2006 es posible gracias a los auspicios de: OCP–Ecuador; Diners Club; MoviStar; Marathon Sports

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