Desafio 14






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DOCE HORAS SIN OXÍGENO

 

Campo Base del Kangchenjunga

Viernes, 5 de mayo de 2006

Muy queridas y queridos amigos.

Reciban un abrazo muy afectuoso desde mi CB.

Les escribo para completar la crónica que había quedado pendiente sobre lo que fue pasar ese par de noches en el C2 a 6 800 m, como parte de la aclimatación. Me encantó escribirla y espero que la disfruten.

En lo que respecta a nuestros planes, mañana salimos nuevamente hacia arriba con el objetivo de colocar el C3 a 7 200 m aproximadamente y pasar allí, por lo menos dos noches para completar el proceso de aclimatación.

Dios mediante, me comunicaré nuevamente con ustedes a partir del martes, que estaremos de vuelta en el CB.

Hasta entonces un gran abrazo.

 

DOCE HORAS SIN OXÍGENO

 

Después de la cena que consistió en arroz, papas, aceite de oliva  y estofado de carne, este último de importación directa de Ecuador para Kangchenjunga 2006, rematada con infusión de agua-panela con limón, importación directa desde Colombia, nos metemos cada quién  en su bolsa de dormir. Son las siete de la noche y según mis cuentas nos esperan doce inmensas, doce largas horas de espera hasta que venga el Sol y podamos salir nuevamente fuera de las tiendas. Y son inmensas y son largas, porque son, sin oxígeno.

 

Metido en esta especie de sarcófago, de entrada, Fernando me alienta a que le cuente alguna anécdota de viaje o expedición, alguna  aventura o alguna historia de amor, en esta vida o en las pasadas, a pretexto, dice él, de que soy un buen relator. Hago silencio por un rato, pienso, por esta vez  descarto una de amor  y arranco en cambio con aquella anécdota en el aeropuerto de Katmandú, cuando por pedido del Oficial de Aduana, al saber que yo era profesor de matemáticas, me tocó explicarle por qué todo número multiplicado por cero da cero, mientras detrás mío había una larga cola de turistas esperando el sello de salida. La historia es divertida, ya la leerán con detenimiento cuando publique mi resumen de Anécdotas de Viajes y Expediciones. En todo caso, mi historia desencadena otra por parte de Fercho, y así sucesivamente, vamos hilvanado una suerte de ensayos de la vida que habla de recuerdos, ilusiones, hijas, hijos, pareja, más montañas, amores no consumados, amores soñados, ausencias, presencias, etc, etc.

 

Nos cansamos de hablar, más por falta de oxígeno que por falta de historias y entusiasmo para compartirlas. Él se calla, yo me callo, en las otras tiendas también hacen lo propio, todos nos callamos. El Kangchenjunga, en cambio, nos escucha.

Prendo el MP3 y viene el set de música. Con cada tema van pasando historias y voy viviendo recuerdos: me veo entrenando en el parque Metropolitano, con el tema de Hevia, luego estoy bailando en mis clases de flamenco, con Vicente Amigo y Ciudad de las Ideas; irreverente se aparece CaraLuna de Cabas y pienso en Karma; otra vez a preguntarme si es cierto o es solo una fantasía. A partir de allí, el resto de temas sólo van pasando y yo sigo pensando.

Han pasado ya un par de horas con el MP3, lo apago, miro el reloj y consulto la hora: apenas las once de la noche. Pregunto a Fernando cómo está y claro, en las mismas, pensando, solo pensando y dándose vueltas en la bolsa de dormir. Volvemos a conversar otra vez y ahora él me echa la chapa del libro que está leyendo, Padre Rico Padre Pobre. A 6 800 m de altitud, con un frío de menos 15, con poco oxígeno, a la media noche, metidos en los sacos de dormir, generosamente me empieza a explicar qué debo hacer y cómo, para montar mi propio negocio apenas vuelva al Ecuador. En ese momento, yo pobre entro en crisis pues hace un par de días acabé de leer Fuerza Serena del Maestro Sifu Rama, un tratado sobre Chi Kung, y todo este tiempo les he estado dando vueltas a los principios de aquella filosofía, que nada tienen que ver con la teoría del Fercho. Metido en medio de tanto rollo y con las teorías mezcladas, en silencio saco como conclusión que cuando baje al CB le llamaré al Andy (mi hijo) y le preguntaré que opina de mí, si soy Padre Rico o Padre Pobre.

 

Oye Fercho, veamos si nos dormimos un rato mejor.

 

En nuestro Campamento 2 a 6 800 m Al fondo el pico de la derecha es la cima del Kangchejunga
En nuestro Campamento 2 a 6 800 m Al fondo el pico de la derecha es la cima del Kangchejunga

 

No duermo nada, solamente me doy las vueltas en la bolsa de dormir. A veces es tal el grado de ansiedad, que me veo obligado a sentarme y realizar ejercicios mas intensos y coordinados de respiración. Que duro y difícil es el proceso de aclimatación, ¡si hubiera una pastilla o una inyección, inclusive, para aliviar este sufrimiento!

Me vuelvo a acostar de frente viendo el techo y antes de apagar la lámpara frontal descubro que toda la tienda, absolutamente toda la tienda está cubierta de un hielo finísimo, bien bonito, pero a fin de cuentas hielo que se ha formado por nuestra transpiración. Ese hielo, mañana por la mañana al despertarnos, será un martirio, empapará todo, mojará todo, pienso. En cualquier caso, como dice precisamente Sifu Rama, eso será mañana, mi presente hoy mismo es la angustia y la ansiedad que siento al no dormir por falta de oxígeno y, haciendo de tripas corazón, voy a buscar sonreír, precisamente  desde el corazón.

 

En medio del ejercicio de ir moviendo mi humanidad del centro a la derecha, de la derecha a la izquierda, de la izquierda al centro, del centro a la…, de la derecha a la…, las horas pasan, lentas pero pasan. Ya no se qué horas son ni me interesa, para qué otro motivo más de sufrimiento. En esas ando, cuando la vejiga  me aprieta una y otra vez, y al pensar en todo el trámite que debo cumplir, me hago el desentendido, me quedo quietito como estatua, pero debo moverme porque los huesos no aguantan a soportar mucho tiempo la dureza del hielo en el piso de la tienda. No sé que es más difícil, si el remedio de orinar o la enfermedad de mantenerme quieto y no hacerlo, al fin concluyo que es peor la enfermedad y empiezo el trámite: intento abrir el cierre de mi bolsa de dormir y está congelado en el hielo de mis propias exhalaciones, con paciencia, de a poco, frotando cada pedacito del cierre lo voy liberando de la costra de hielo y puedo abrirlo. Me siento y en esa acción, con mi espalda, hombros y cabeza rompo la otra costra de hielo que nos cubre en el interior de toda la carpa; empieza una nevada, como privada, solo para los dos: cientos de cristalitos de hielo cayendo despreocupadamente sobre nuestra humanidad. Le pregunto a mi compañero por la botella de pipí. Al fondo a la derecha, me contesta. Y viene otro trámite. Cuando termino debo abrir la tienda y desocupar la botella, pues ese es el compromiso para poder usarla otra vez. En todo ese trayecto, desde luego, más trocitos de hielo, más nevada particular. Como para asegurarme de que no le he incomodado a Fernando con mis movimientos, le pregunto: ¿Ferchito, estás bien, estás despierto? Si hermanito, despierto desde que nos acostamos.

Vuelvo a mi bolsa de dormir, apago la lámpara frontal, rezo una vez más, pienso en el Andy, en la tarjeta que me regaló la Kami, en el aeropuerto, y pretendo dormir repitiéndome decenas de veces: Quiero llegar a la cima del Kangchen.

 

Al otro día, con un chuchaqui (resaca, para el resto del mundo) a lo bestia, nos levantamos como si nada, con unas caras de lástima total. Que bueno que Karma no anda por aquí, porque me imagino la pena que le daría. Nos mandamos dos tazas de Milo con leche, salimos de la tienda y afuera hace un día espectacular. Me pregunto si este es efectivamente el regalo precioso que justifica tanto sacrificio. Saco la cámara, tomo fotos, filmo, me despierto por fin y sigo siendo feliz.

 

Ese día en la mañana, como parte de nuestro apoyo sudamericano, Fernando y yo fijamos casi cuatrocientos metros de cuerda por encima del C2; en la tarde estuvimos de vuelta en el C2, pasamos una noche más, menos dura que la anterior y al día siguiente bajamos al CB.

 

Un gran abrazo, con todo mi cariño.

 

Iván Vallejo Ricaurte
EXPEDICIONARIO

EMail: desafio14@ivanvallejo.com
Website: http://www.ivanvallejo.com

El proyecto DESAFÍO 14   en el 2006 es posible gracias a los auspicios de: OCP–Ecuador; Diners Club; MoviStar; Marathon Sports

Con la colaboración de:
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