Desafio 14






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DE VUELTA DESDE 6 600 M

 

 

Campo Base del Kangchenjunga

Jueves 27 de abril de 2006

 

Queridos amigos:

Reciban un cordial saludo este día jueves 27, de vuelta en el CB después del proceso de aclimatación llevado hasta 6 600 m.

 

El resumen de la actividad es éste: El día lunes 24 subimos hasta el C1 a 6 200 m y pasamos nuestra primera noche como parte de la aclimatación. ¡Qué noche Dios mío!, como se sufre a esas alturas cuando uno recién se está aclimatando. Al siguiente día, el martes 25, la pasé malísimo por una especie de gripe o alergia que me dio, con lo cual tenía la nariz completamente congestionada y un dolor muy molestoso en la cabeza, a la altura de los ojos. El martes fui un inútil total. El Fercho, muy solidario me acompañó casi toda la mañana y a las doce del día decidió subir unos 200 metros de camino al C2, para continuarse aclimatando.

La noche del martes, otro martirio similar al  del lunes, con la ventaja de que en lugar de no haber dormido nada, ya dormí por lo menos una buena media horita, como se suele decir en mi pueblo. A pesar de la paliza sufrida el día anterior y de la nueva mala noche, la gripe, la alergia o como se llame, me dio una tregua y amanecí mejor.

A las nueve de la mañana del miércoles, el Fercho y yo llenamos las mochilas con tanques de gas, cuerdas y una carpa, y salimos decididos a llegar hasta el sitio donde habían hecho un depósito nuestros amigos, el día anterior. Me sentí de maravilla, me olvidé de la alergia, de las dos malas noches y fui nuevamente feliz de haberme repuesto a mis miedos y mis dolores terrenales. Daba por hecho que tenía unas ojeras que me llegaban hasta el bigote y que tenía unas patas de gallo profundas y muy surcadas a lo Robert Redford. Pero también estaba seguro de que mi alma y mi espíritu estaban brillando, nuevos, lisitos, felices de ser lo que eran y de pertenecer a quien pertenecían.

Ese miércoles no solo que alcanzamos los 6 400 m donde llegaron nuestros compañeros el día anterior, nada más llegar al lugar me lancé de una medio litro de bebida, le pedí al Fercho que me diera seguro y arranqué a escalar 200 metros por terreno virgen en esa ladera del Kangchenjunga. Al terminar la longitud de la cuerda fijé un seguro a una estaca de aluminio, me bajé muerto de la felicidad, nos dimos un abrazo de celebración y bajamos al Base a descansar y comer bien. Así que ahora les envío desde este lugar estas dos crónicas, que con mucho gusto he escrito para ustedes. Hoy recibirán la primera.

Que la disfruten.

 

Campamento I a 6.200m
Campamento I a 6.200m

 

El despertador suena a las siete y media  de la mañana, afuera hay un día espectacular y el Sol, hace media hora que abriga mi carpa. Me la tomo con calma, no me apuro, si hoy día tengo todo el día. El plan es subir al C1 y pasar allí dos noches como parte de la aclimatación.

Salgo de mi tienda, saludo con los sherpas del grupo de los suizos, con Tilok el cocinero de nuestra expedición, con Pasang el sherpa de los vascos y de camino a la tienda comedor, imitando el acento paisa, le dijo a Fernando: Que hubo Fercho, ¿cómo me le va?, ¿es qué no se va tomar un tintico conmigo o qué? Subo a la carpa comedor, me lavo, me seco y me siento a desayunar. Durante todo el tiempo del desayuno, y después cuando preparo la mochila, a pesar de que Bacilos me canta en el MP3 Cara Luna,  tengo mucha ansiedad, me hallo muy inquieto. Reconozco que todos esos son los  síntomas clarísimos de lo que en el medio deportivo se llama estrés pre-competencia. En lo preocupado que soy reviso una y otra vez la lista que había hecho anoche con papel y lápiz: todo está en orden, no me falta nada; sin embargo mi ansiedad continúa, es más, me siento obligado a ir una vez más al baño a pesar de que ya lo he hecho temprano en la mañana.

Si todo está en orden, ¿qué es lo qué me preocupa?

Fernando ya ha partido hace diez minutos, no tengo con quién compartir esta sensación, así que decido encararla solo, hablándome en voz alta, y lo hago:

Ivansito ¿tienes miedo a las dos noches que vas a pasar a 6 200 m verdad? Otra vez te consume la angustia de no poder dormir ni un minuto por la falta de oxígeno, ¿no es cierto? Te da temor saber que al otro día abrirás los ojos, curiosamente luego de no haberlos  cerrado ni un rato en toda la noche por el ejercicio más simple de dormir, y sentirás naúseas, y tendrás arcadas. ¿Es ese miedo, verdad?

Y al encarar el miedo, me siento más aliviado. Apago el MP3 porque no aporta nada, reviso por última vez la mochila y me acuerdo de guardar esa tarjeta preciosa que me envío mi hijita Kamila inspirada en el último día de mi entrenamiento, cuando me acompañó a la pista del Estadio Olímpico. Y como si las preocupaciones se pasaran endulzando la boca, pelo un caramelo de maracuyá, cargo la mochila y me dispongo a salir con mi miedo hacia el C1 a 6 200 m.

Al despedirme de Daki, la esposa de Ang Nuru, el Sherpa nepalí que administra nuestro campo base, le pregunto una vez más si tiene noticias del estado de salud de Pasang (54 años), su tío, que estaba fungiendo de asistente de cocinero en nuestra expedición,  pero a quién  tuvieron que bajar el día sábado a Ramche, porque tenía un fuerte dolor en el pecho. Dice que ella tampoco sabe nada, que no tiene ninguna noticia. Me despido de Daki, del resto de cocineros de las otras expediciones y me interno en el hielo, entro en el glaciar, en las entrañas del Kangchejunga.

 

La primera vez, para subir únicamente desde el CB al depósito a 6 040 m necesité casi cinco horas por el pésimo estado de la nieve. Hoy, no únicamente al depósito sino hasta el C1 a 6 200 m, con la huella hecha y la ayuda de las cuerdas fijas, necesito  menos de tres horas. Llego muy bien al C1, como suelo decir en estos casos, hecho una flor,  cuando todavía no he perdido el glamour, las fuerzas, ni el sentido del humor. Saludo a todos con abrazo incluido, como a mí me gusta y como debe ser, y en esas Mikel, del equipo vasco, al estrecharme me dice al oído: Hay una muy mala noticia para ti y para Fernando. ¡Qué! ¿Que pasó? Pasang a muerto esta mañana en Ramche, al parecer con edema pulmonar.

Me quedo de una sola pieza, abrazado a Mikel, pensando más que en el mismo Pasang, a quien, Dios, Buda o Shiva  lo tengan en su gloria, en el dolor de Nuru y Daki, sus sobrinos. Siempre he creído que en el tremendo impacto de la muerte de un ser querido, la peor parte tienen que llevarla los que se quedan, por el padecimiento de la ausencia.

Los amigos de las otras expediciones son solidarios y me participan sus sentimientos. Luego llega Fernando, le permito que descanse  y mientras estamos armando la tienda, me doy modos para hacerle saber la noticia. Para él quizás el golpe es más fuerte porque conoce a la familia de Ang Nuru desde el año 98, en una expedición al Manaslu. Terminamos de armar la tienda, empieza a nevar con fuerza y nos vemos obligados a meternos en la que será nuestra casa los siguientes dos días: un espacio minúsculo de no más de tres metros cuadrados.

Después de cenar arroz con estofado de carne y abundante aceite de oliva, Fernando y yo nos acomodamos, cada quien en su saco de dormir, a la espera del suplicio: que pasen las horas, las largas horas con escaso oxígeno a 6 200 m.

 

SIGUIENTE CRONICA: ESAS HORAS SIN SUEÑO Y SIN OXIGENO

Iván Vallejo Ricaurte
EXPEDICIONARIO

EMail: desafio14@ivanvallejo.com
Website: http://www.ivanvallejo.com

El proyecto DESAFÍO 14   en el 2006 es posible gracias a los auspicios de: OCP–Ecuador; Diners Club; MoviStar; Marathon Sports

Con la colaboración de:
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