Desafio 14



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2000: ECUADOR EN LA
MONTAÑA DE LAS MONTAÑAS
K2 Chogorí 8.611 m.

 
 


Ubicado a cerca de 3.000 km., al noroeste del EVEREST, en el límite del Tíbet y Pakistán, se halla el K2, la segunda montaña más alta del mundo con 8.611 m. de altitud, pero indiscutiblemente el más difícil de todos los ochomiles, pues el tiempo es capaz de cambiar en tres horas y el barómetro pasa a ser un mero instrumento para confirmar que el clima empeoró. Mientras a la cima del EVEREST han llegado aproximadamente 1.400 personas (75 sin oxígeno), al K2 sólo cerca de 160 y otros 50 han fallecido en el intento: A decir de Mesnner, el primer montañista que alcanzó los 14 ochomiles: “...en el K2, siempre te encuentras al filo de la navaja”.

K2 son las siglas que corresponden a la denominación Karakorum 2, que fuera otorgada por el Survey India, organismo encargado del levantamiento topográfico en la Cordillera del Karakorum. Es pura coincidencia que K2 corresponda a la segunda montaña de mayor altitud en el mundo. El apelativo del K2 en lengua Balti es CHOGORI y significa Montaña Grande.

LA EXPEDICIÓN

El 24 de mayo de 1999 partí desde Quito, rumbo a Madrid y luego a Pakistán, para encontrarme allí con mis compañeros de expedición, lamentando la ingrata noticia de que una de mis mochilas se había perdido en algún lugar del aeropuerto de Londres y de que, las otras dos, no podían ser retiradas de la aduana de Karachi, pues había huelga. Debí llegar el 11 de junio al pie del K2, con un par de zapatillas adquiridas en Rawalpindi, mis blue jeans, una camiseta y un chaleco, 100% algodón marca PINTO, hecho en Ecuador. Eso era todo lo que tenía.

Afortunadamente, dos semanas más tarde llegaron mis maletas. Durante el mes de junio y casi todo julio nos la pasamos colocando los campamentos: ABC - 5.300 m., CI - 6.100 m., CII - 6.700 m. y CIII - 7.250 m.

El 26 de julio, Fabrizzio y yo, salimos desde el CB con destino a la cumbre. Al llegar el día 27 al sitio del CIII, fue muy doloroso comprobar que el campamento había desaparecido por una avalancha. Perdimos 3 tiendas, comida, gas, etc., y toda mi ropa de pluma para el ataque a la cima.

Tuvimos que bajar nuevamente al CII, recoger nuevos materiales y volver a subir. Yo alimentaba la esperanza de que mis compañeros pudieran prestarme lo que me hacía falta para llegar a la cumbre.

No me puedo olvidar la solidaridad y con ello la gratitud a mis compañeros de expedición y también a Abele Blanc y Marco Camandona que me prestaron todo lo que pudieron: guantes, chaquetas, pantalón, cantimplora, gorros, etc.

Definitivamente, esta expedición era la de la “ropa prestada”. El 30 de julio, Fabrizzio y yo llegamos a 8.050 m. de altitud, al sitio denominado “el hombro”, allí plantamos, como último campamento, el CIV.

En la madrugada del 31 de julio, a las dos de la mañana, dejamos nuestra tienda para el ataque final. Desafortunadamente, Fabrizzio tuvo problemas de enfriamiento en uno de sus pies y se vio obligado a parar una hora en la carpa que nuestros compañeros habían colocado cien metros arriba de la nuestra. Yo seguí pues ese era el acuerdo; así registré la experiencia, en mi diario de expedición:

“Ahora me hundo en la nieve floja, pero ventajosamente puedo aprovechar la huella que han dejado los coreanos y eso me ayuda muchísimo. A pesar de la total seguridad que tengo de llegar a la cumbre, casi no puedo disfrutar el momento, porque me preocupa mucho el descenso y el temor de que me alcance la tormenta. Pero tampoco puedo perder la concentración, estoy muy cerca de alcanzar otro momento espectacular y extraordinario en mi vida. Subo lentamente, hundiéndome con humildad en la nieve floja y sacando con paciencia cada una de mis extremidades, para dar el siguiente paso. Mi acción de ascender es un hecho mecánico, repetitivo, con la mirada fija en el siguiente paso, con todos mis sentidos torpes y espesos, pero tratando de aguzarlos porque ellos son el soporte y el puente de contacto con mi yo interior. Adentro, en la mayor quietud de mi espíritu, resuena únicamente mi mantra personal, expresamente elegido para este gran proyecto: Con fuerza y con humildad lo vas a lograr. Estoy muy cerca de la arista de la cumbre.

Cuando por fin alcanzo la arista de la cumbre, súbitamente mi cara y mi cuerpo reciben un doloroso latigazo por la fuerza con que sopla el viento desde el lado Chino. Me encuentro justamente sobre la línea imaginaria que separa China de Pakistán y a escasos 10 pasos de la cima, pero me veo obligado a agacharme y caminar casi a gatas los últimos metros, para impedir que el viento me arroje con fuerza hacia la ladera Pakistaní.

Lentamente, uno, dos, tres y ya está, por fin, en la cima de la segunda montaña más alta del planeta, pero indiscutiblemente el más difícil de los ochomiles. Entre el viento que me castiga con dureza, el temor que tengo de bajar solo y la preocupación de que la tormenta me alcance en no más de una hora, no tengo ni la concentración ni el tiempo necesario para entender y disfrutar este momento único en mi vida. A tientas, busco en la mochila la única bandera que se salvó de la avalancha, la bandera de mi querido país, en la cual con toda la convicción y la fe de que llegaría a la cumbre escribí un mensaje para mis doce millones de hermanos ecuatorianos.

“ECUADOR, CLARO QUE PODEMOS”

La despliego con inmensa emoción pero sobre todo con profundo orgullo de venir de una tierra y de un país generoso, que me ha dado todo.

El descenso se torna dramático, la tormenta me ha alcanzado. No puedo ver más allá de cinco metros, el viento y la nieve me castigan con dureza, no sé si es mejor desprenderme de las gafas; lo cierto es que la costra de hielo que me cubre el rostro impide toda visibilidad; y lo que es peor, me dificulta más aún, la ya complicada tarea de respirar. Tengo miedo, mucho miedo de no salir con vida.

En semejantes condiciones me es imposible encontrar la dirección exacta hacia el CIV. Estoy perdido.

En medio de mis rezos, mi temor y mi desesperación logro divisar un fantasma en medio de la tormenta, es Alí Ghulam, un porteador de altura pakistaní, que ha salido en búsqueda de los dos coreanos que están aún arriba. A tientas encontramos la carpa del CIV, de otros compañeros de expedición.

Allí está Fabrizzio, muerto de frío y también asustado por la tormenta. Las horas pasan, en medio de nuestra angustia. Yo tengo todo mojado, por dentro y por fuera. Una noche en éstas condiciones, sin cambiarme de ropa ni usar mi funda de dormir, ¡me imagino que supondría una o varias congelaciones!

A las seis de la tarde decidimos jugarnos el todo por el todo, pues sabemos que una noche a 8.050 m., metidos cinco en una carpa, sin ropa de cambio y sin cocineta para fundir nieve, fácilmente podría convertirse en una larga noche de infierno. Estamos resueltos a encontrar nuestro campamento cuatro, a cómo de lugar, es la única salvación. Al fin y al cabo, pienso yo, cinco pares de ojos han de ver mejor que uno solo.

Ya entrada la noche, por intervención de la Gracia divina y de todo su ejercito de ángeles de la guarda, logramos hallar nuestro CIV. La mitad de mi vida se había salvado.

Siguiente día, la tormenta no cesa ni un segundo, una a una las carpas del CIV, van quedando sumergidas en medio de la abundante nieve que se acumula, y lo que es peor, la nuestra está a punto de destruirse por la fuerza del viento.

Existen algunos momentos en los que lo único que queda es rezar y no perder la esperanza. Este es uno de ellos…”

Dos días más tarde llegué al campamento base, a las tres y quince de la tarde del dos de agosto. Solamente allí entendí lo que me había pasado, que bajaba de vivir una de las experiencias más intensas de mi vida en la segunda montaña más alta del mundo; y que había logrado salir ileso para contar a mis hijos, a mis amigos, a mi ciudad y a todo mi país que SI PODEMOS, que no hay metas, ni objetivos inalcanzables en la vida. Que cuando se piensa en GRANDE, las conquistas son también muy GRANDES. Que hay que entregarse con constancia, con disciplina, con fe y sobre todo con muchísimo AMOR.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CHOGORI: La segunda montaña
más alta del mundo, sin duda entre las
más difíciles de los 14 ochomiles.

 
 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A las 10:15 de la mañana

en la cima del K2

la segunda montaña más alta del mundo,

también sin oxígeno

 
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 ©: Iván Vallejo
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