Desafio 14






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De camino a la cima (5)

 

LO QUE FALTABA…

 Amanecemos un día más a 6 400 m en el Campo 3.
Ayer éramos bastantes en este campo, además de la juerga que en la medida de lo posible nos permiten estos sitios y estas alturas, estaba el tema psicológico de saber que éramos diez para ir hasta la cumbre.
Ahora somos solamente cuatro.
Inmediatamente después de despertarme pego un grito para saludar a los vecinos.
-¿Hey guys. How are you doing?
- No good news-  me contesta.
Cuando escucho la respuesta con ese tono de voz tan decaído me imagino que algo está bastante mal.
-¿What happen my friend?
Al parecer el día de ayer Sergey, mientras escalaba los duros tramos del serác se ha sacado las gafas repetidamente, para observar mejor el terreno, y eso le ha llevado a que se le queme la conjuntiva y ahora tenga ceguera temporal; además, claro está, de la noche de perros que ha pasado con el dolor en los ojos.
-¿So, what is your plan Andrew?
-I am going down with Sergey…
Fernando y yo nos vemos las caras y nos quedamos pasmados de la pena, del asombro, del cabreo…
-Puta madre, lo que nos faltaba…
La primera pregunta que nos asalta es ¿cómo va a bajar Sergey si no puede ver? Hoy tiene que hacer reposo a como de lugar y ponerse sobres de té en los párpados, no hay de otra.
¿Cómo resolvemos esto? ¿Qué hacemos ahora? No podemos quedarnos un día más esperando, por el tema del serác tan complicado. Ya hemos perdido uno y Vítor nos digo que a partir del 25, aunque siga el cielo azul, el viento subirá a más de 50 kilómetros por hora.
En medio de ese mar de dudas y desaliento, a Fercho se le ocurre una idea del mismo lustre que el día que hace afuera de nuestras tiendas, brillante, pero que hay que exponerla siguiendo cautelosamente todos los pasos.

Primer paso: Primera pregunta a Sergey:
-Sergey my friend… tú sabes que lo único que puedes hacer hoy día es reposar, ¿verdad?
Primera respuesta:
-Yes, yes, I know my friend.
Segundo paso: Segunda pregunta al mismo Sergey
-¿Tendrías algún inconveniente en quedarte aquí y nosotros continuar para el C4 y luego a la cima? Si mañana estás mejor bajas al Base o si no nos esperas?
Segunda respuesta:
-No problem, go, go…
Tercera pregunta, ahora a Andrew:
-¿Andrew podríamos desmontar tu tienda, que pesa menos que la mía, para llevarla al C4 y le dejamos la nuestra a Sergey?
-Good idea Iván…

Cuando Andrew me dice good idea no estoy muy seguro hasta que punto será tan buena la idea de meternos tres en una carpa pequeñita en la que a duras penas entran dos personas. En todo caso, ¡bien, ya hay solución! Este Sergey , esta especie de oso de Siberia que fue uno de lo principales artífices y protagonistas para resolver el paso clave del serác, por un error de lo más infantil (que yo también cometí cuando tenía dieciséis años) tiene que quedarse, tiene que abandonar su sueño, no puede ir con nosotros a la cima. Qué pena Segey cuanto lo sentimos, me imagino que tú también.
Después de desayunar desmontamos la tienda de Andrew, Sergey se pasa a la nuestra, guardamos los bártulos, nos despedimos de él y ahora somos tres los que vamos de camino al C4 y mañana, Dios mediante, a la cima del Annapurna.

 

 


Sergey entrando al paso clave del serác.
Fernando asegura y nosotros al pie apoyando y esperando el turno.

 

El castillo de hielo que tanta bronca nos dio ayer por más de siete horas, lo resolvemos hoy en escasos cuarenta minutos. Cuando llegamos a la ladera peligrosa, para mi sorpresa la nieve está igual de mala que ayer, la diferencia es que hoy apenas son las ocho y media de la mañana. Andrew, que no había visto este terreno sin ocultar su miedo me dice

 -Iván this don’t look very good, eh. ¿What do you think?  Y le respondo -Si Andy, no

 luce muy bien pero intentemos hasta la siguiente arista- dijo, señalando unos cincuenta metros por encima nuestro -Si allí sigue mal volvemos a hablar. Hasta tanto confía en mí. Ahí, delante de mis amigos y compañeros de oficio, en este inmenso campo blanco rompiendo unas costras de nieve que me dan pavor cuando pienso que podrían venirse abajo con todo y nosotros. Ramiro échame una mano, no seas malito.

 Efectivamente cuando llego a la arista, como me lo imaginaba, la nieve cambia de condición y claro nuestro ánimo también. A partir de allí vamos negociando con laderas de todo tipo y de la calidad más diversa: empinadas, muy empinadas, no  tan empinadas, con nieve buena, con hielo, con nieve de espanto, con hielo durísimo, con nieve de maravilla; en fin, imposible aburrirse.

 Los tres nos vamos turnando en el oficio de abrir huella, este ejercicio comunitario ¡a mi me resulta tan bonito! Uno de nosotros, a su turno, poniendo el mejor esfuerzo para hundirse en la nieve o para romper la costra y encontrar el camino, los dos de atrás en cambio disfrutando de ese trabajo, de esa obra, porque así como el pintor al lienzo virgen y yermo le da vida con los colores de su paleta y de su pincel, nosotros le damos más vida a este mundo impecablemente blanco con la huella de nuestros pasos y la impronta de nuestra voluntad.

 


Así como el pintor… nosotros le damos más vida a este mundo
impecablemente blanco con la huella de nuestros pasos y la impronta de nuestra voluntad.

Andrew abre huella de camino al C4; en el extremo superior derecho, la cima del Annapurna.

 

 

¿POR QUÉ SUBES AL ANNAPURNA?

 

Me toca el turno de abrir huella y  ahora paso yo a pintar el lienzo, para mí, para mis compañeros y para el Annapurna. Cuando la pendiente y la calidad de la nieve me dan un poco de respiro en mi oficio de pintor con huella, me asalta una pregunta:

-¿Y para qué subes ahora al Annapurna? Yo mismo me respondo:

-Para dejar un regalo y bajarme otro.

-¿Qué regalo?

-Ya te cuento… 


Edición: Doris Arroba

 

 

Iván Vallejo Ricaurte
EXPEDICIONARIO

 

 

 

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