Desafio 14






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De camino a la cima (4)

 

El coraje tan dócil, la bravura tan chirle
La intrepidez tan lenta, no me sirve
No me sirve tan fría
La osadía
 
Me sirve y no me sirve
Mario Benedetti

 
 

BUSCANDO UN LADO FLACO

 Nuevamente Andrew y Sergey se mueven primeros hasta el pie del serác con la esperanza de encontrar un paso donde ayer no era posible. Muchas veces en este oficio, echar mano de los imposibles, mezclando en la medida justa y la proporción correcta, audacia con prudencia, suele ser el “as” que se necesita para ganar la partida.

Sergey entra por una pared de hielo cuya parte superior tiene un desplome de susto, le veo subir despacito, metro a metro, mientras Andrew le asegura desde abajo. De vez en cuando escucho las astillas de hielo que vuelan por los aires con los golpes que Sergey acierta en la pared. Me puedo imaginar que el asunto está más complicado de lo que se ve desde donde estamos Fercho y yo, por ahora, como simples espectadores. Esto del trabajo en equipo sin tener que explicar nada, donde se obvian las palabras, es precioso. Como un reconocimiento a la mayoría del  trabajo que hemos hecho hasta aquí Fernando y yo, Andrew y Sergey han tomado como suyo el oficio de resolver este paso tan complicado.

 Ahora escala el australiano y asegura el ruso, aquél se planta al pie de otro bloque de hielo bastante extraplomado y busca algún lado flaco que le dé paso, pero nada. Intenta una vez, una segunda y una tercera y se da por vencido. Sergey retoma el liderazgo, hace mucho esfuerzo para encaramarse apenas un metro por encima del desplome y lo logra, coloca un tornillo y se baja, estas batallas por encima de 6 400 agotan enseguida. Fernando toma la posta con la misma dinámica: luchar mucho para superar el extraplomo, subir un poquito más, fijar otro tornillo y bajarse. A estas alturas ya son casi las once de la mañana.

 ¡Madre mía, casi cuatro horas en apenas sesenta metros!

Iñaki Ochoa y su compañero Horia (Rumania) han llegado desde el C2. Le pido a Iñaki que nos eche una mano en el tema del serác, se repone y enseguida va hasta el pie del muro. Los que observamos desde abajo confirmamos que resolver este paso está dando  guerra, la más pura y dura. Bastante tiempo necesita Iñaki para llegar hasta él último tornillo y luego le toca su parte, subir despacito, poco a poco, pretencioso sería decir metro a metro. No, qué va, centímetro a centímetro es lo correcto. Supera otro pedazo de la loza de hielo, que dicho sea de paso tiene un patio de caída que le quita el hipo a cualquiera, coloca un nuevo tornillo y se baja.

 Cuando está de vuelta con nosotros, comenta que para él las condiciones de la  pared no son las mejores, porque apenas hay una capa de nieve muy finita y debajo hielo vivo, lo que hace de la escalada algo muy serio y delicado.  Yo me limito a escucharlo porque no me ha llegado el turno todavía y no puedo opinar de lo que no veo y de lo que no siento. En este punto es casi el medio día, Edurne está perdiendo la paciencia, es cierto, son un montón de horas y no hemos subido ni cien metros.

 

Sergey otra vez al ataque, aprovechando las cuerdas que se han fijado vuelve a encaramarse lentamente. Ante la posibilidad de que no encontremos salida se nos ocurre adelantarnos a la jugada y voy con Horia a buscar otro paso; nos encordamos y vamos todo hacia la izquierda del serác, en efecto, encontramos un paso, aunque muy vertical, pero que nos puede depositar encima del conjunto de bloques. ¡Bingo¡ Emoción inicial desde luego, pero cuando analizamos con más detalle la posible salida notamos que ese trayecto va a dar a la misma grieta ancha y enorme que ayer nos cerró el acceso, con lo cual… igual que antes. Cuando volvemos a las tiendas, al pie de la pared veo a Sergey que continúa afanosamente peleando cada centímetro de ese hielo tan vertical, despacito va subiendo, ganándole partido a la ley de Newton.

 Desde abajo parece ser que se va resolviendo lo peor, que la pendiente por fin se va a dejar subyugar, desaparece de nuestros ojos porque se mete en medio de unos grandes merengues de nieve. Su ausencia nos angustia ¾¿Qué pasará. Será que hay salida? ¿Y si no hay, qué hacemos? ¿Por donde intentamos? De repente lo vemos de nuevo, está bajando por las cuerdas, lo esperamos con ansiedad para saber qué pasa. Cuando llega al pie del muro lo felicitamos y él enseguida se dirige a Fernando a mí y en su inglés muy precario nos dice que cree que lo peor está resuelto y que ahora habrá que ver si por fin podemos salir de los bloques y encaramarnos en la ladera.

Inmediatamente sé que el turno es nuestro y es lo que estábamos esperando. Yo encantando de escalar con el Fercho, y se lo digo. Cuando recorro todo el trayecto que hasta aquí ha costado más de seis horas resolver, compruebo lo exigente y duro que ha sido cada centímetro ganado al vacío en este castillo de hielo. En el sitio del extraplomo, a pesar de la ayuda de las cuerdas, resoplo mucho para salir de ese resalte.

 


Compruebo lo exigente y duro que ha sido
cada centímetro ganado al vacío en este castillo de hielo.
Subo por encima del extraplomo; abajo,
una de nuestras tiendas del Campo 3.

 

Fernando y yo llegamos al final del tramo alcanzado por Sergey; sobre nosotros, unos merengues gigantescos de nieve y hielo. Hay una salida muy clara, por un lado. Ahí vamos el Fercho y yo asegurándonos y avanzando. Subo con ansiedad pensando en la posibilidad de que ojalá no encontremos nada que nos cierre el paso.

Ya hemos luchado lo suficiente Annapurnita, échanos una mano. Superamos el tramo de los merengues y… voilá… por fin el camino expedito hacia el Campo 4.

¾Bien, bien, lo logramos, lo conseguimos, ya está. ¡Guauuuuuu!

 Inmediatamente tomo la radio y me comunico con el CB, donde Ferran ha estado apoyándonos toda la mañana, y con Edurne e Iñaki en el C3, apenas ciento cincuenta metros más abajo. Les comunico emocionado que ya está abierto el acceso hacia el Campo 4. Inmediatamente Iñaki me pregunta por las condiciones de la nieve y de la pendiente, yo con la toda la honestidad del caso le explico que la inclinación en la que nos hallamos tiene el ángulo  perfecto para una avalancha y que, respecto a la nieve, tomando en cuenta que son casi las tres de la tarde, me hundo hasta las rodillas.

 De vuelta recibo con muchísima pena el mensaje de que Edurne decide bajarse con Iñaki porque a su juicio las condiciones son muy peligrosas. Me quedo de una sola pieza con la noticia, no sé que responderle, no me esperaba eso para nada. Ordenando las ideas le dijo a Edurne que aunque la nieve está floja, porque es muy tarde, mañana estará buena, que lo intentemos. Pero tengo perdida la partida, deciden bajarse todos: Edurne, Asier, Iñaki, Horia y los dos sherpas.

 Así las cosas, de diez que éramos para la cima quedamos cuatro: Sergey, Andrew, Fercho y yo.

 De vuelta en las tiendas para pasar una noche más en el C3, tengo sentimientos encontrados, por un lado la felicidad de haber  resuelto ese pasaje tan duro, tan complicado, nada más y nada menos que en el Annapurna, y por el otro…

Estoy feliz porque una vez más siento el premio de ser paciente, de no perder la calma; por saber que es maravilloso cuando en la balanza se han puesto en la medida justa la audacia y la prudencia. Muy feliz porque ha sido un trabajo de equipo, apoyándonos metro a metro. Nos angustiamos algún rato, cierto es, pero supimos aguantar y ahora ya encontramos el paso. Pero por otro lado tengo mucha pena porque no continúan Edurne, Asier y los dos sherpas, son mis compañeros de equipo, me imaginé con ellos llegando a la cima. 


Edición: Doris Arroba

 

 

Iván Vallejo Ricaurte
EXPEDICIONARIO

 

 

 

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