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INFORME DE EXPEDICION
(25 de Abril)

Campamento Base del Annapurna, martes 24 de Abril de 2007

 Queridos amigos del Ecuador y del mundo.

 Como ustedes saben, el martes pasado estuvimos de vuelta en el CB después de haber fijado el Campo 1 y encontrado la vía de acceso hacia el Campo 2. Con justa razón todos  estábamos muy contentos porque habíamos aprovechado estupendamente el buen tiempo con que nos recibió el Annapurna. El plan era entonces descansar miércoles 18 y jueves 19 para reanudar el trabajo el viernes 20, pero resulta que a partir del miércoles, con puntualidad suiza, todas las tardes ha nevado, unas veces con abundancia, como el mismo miércoles o anteayer domingo, y otras menos, pero lo cierto es que el clima ha cambiado totalmente nuestros planes y aquí estamos en el Base, sin poder continuar con lo planificado.

 En cualquier montaña, y particularmente en el Annapurna, la acumulación de nieve fresca es la causa principal  de avalanchas. Tomando en cuenta que nos toca equipar con cuerdas el tramo más delicado que va desde el Campo 2 al Campo 3, hemos tomado la decisión de esperar hasta que la nieve se consolide y podamos retomar el trabajo con el menor riesgo posible. Hace unas horas he recibido el nuevo parte meteorológico que nos hace saber que, a partir del 25, nevará menos en las tardes; por esta razón hemos planificado salir el jueves 26 para continuar nuestro trabajo.

 Por otro lado, el día jueves 19 llegaron al Campo Base,  los tres compañeros georgianos de la nueva expedición con la que compartiremos la ascensión al Annapurna. Los miembros son Gia Torsladle, Sergey y Emil (para la próxima les tengo los apellidos). Tuve la oportunidad de conocer a Gia en la primavera de 1999, en el lado norte del Everest, y tiene en su cuenta ocho ochomiles. Acabo de conocer a Sergey apenas ahora pero yo sabía de él por las estadísticas que se publican en las revistas especializadas de montaña: Sergey y el suscrito somos las dos únicas personas en el mundo con doce ochomiles en la lista. A Sergey le falta el Annapurna y el K2, y a mí, como ustedes saben, el mismo Annapurna y el esquivo Dhaulagiri. De Emil no conozco nada salvo que es un chico joven cuya edad oscila entre los 26 años. Gia y Sergey deben andar alrededor de los cincuenta.

De esta manera, somos apenas siete montañistas y dos sherpas para esta inmensidad de montaña.

 Para dar un toque de color a este informe les comparto un par de fotos. Envío la primera de ellas para que tengan una idea de lo precioso que quedó nuestro Campo Base después de la generosa nevada del domingo por la noche, si pueden comparen el paisaje con la fotografía que les envíe la última vez. ¿Bastante diferencia no?

 


Nuestro Campo Base el lunes por la mañana
con la nieve fresca caída el día anterior.

Y la segunda… fíjense que únicamente quería encontrar un pie de foto que describiera lo que sentí cuando puse el ojo a través del visor y al final me salió una historia pequeñita que he llamado: A través de la ventana. Que la disfruten. 

 

A TRAVÉS DE LA VENTANA

Esa tarde desapareció el Annapurna, de repente quedó sumido en medio de la niebla, ligera al inicio, espesa después. Luego vino la oscuridad que fue la antesala de los truenos, esos ruidos sordos que quebraron irreverentemente el silencio de nuestro valle, nuestras carpas se sacudieron y empezó a caer el cielo en forma de copos. De nuevo vino el silencio, otra vez la quietud, otra vez la paz. Me imaginé entonces que el día en que ÉL inventó la nieve también invento el silencio y que el día en que ÉL inventó la lluvia,  también inventó el ruido.

Durante horas hubo mucho silencio mientras los copos bajaban a visitarnos, después se cansaron de hacerlo, extendieron sus brazos, se agruparon entre ellos y formaron un tapete inmaculado inmenso y sin dimensiones que arropó todo el valle. No había arriba ni abajo. No había derecha ni izquierda, todo era lo mismo: una túnica blanca gigante sin largo y sin ancho, que nos envolvía como burbuja.

Hubo más silencio, casi absoluto, ya no caía nada, ya no se movía nada.

En esa garganta profunda que está a la entrada de nuestro valle hay una especie de puerta, desde allí, despacio empezó a llegar el aliento de Eolo. Había sensualidad en su soplo, no era insolente, era tierno y delicado;  en la primera bocanada acariciaba, en la segunda palpaba y recién en la tercera desvestía. Así, con esa pausada secuencia fue despojando al Annapurna de ese ropaje espeso con el que había quedado envuelto.

Cuando pude ver la cima, que es lo primero que percibí, me pareció que el Annapurna tenía mucho frío, sus paredes de granito, otrora amarillas, estaban blancas como el mármol, como de vidrio pulido. Sí, no me cabía duda, el Annapurna tenía frío.

Hubo un nuevo soplo que despedazo de cuajo los jirones que estaban cerca de la cima, entonces descubrí una ventana que  miraba al cielo, imaginariamente me subí hasta el borde del marco, miré del otro lado y te pude ver. Allí estabas,  al otro lado del mundo, despertándote, con una cara de sueño preciosa levemente marcada por la arruga de la almohada que había dormido contigo.

Karma querida, que tengas un bello día.


A través de la ventana

 

 

Edición: Doris Arroba

 

 

Iván Vallejo Ricaurte
EXPEDICIONARIO

 

 

 

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