Desafio 14






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CAMPAMENTO BASE DEL ANNAPURNA

 

Lunes 23 de Abril de 2007

Queridos amigos del Ecuador y del mundo.

 Reciban un afectuoso saludo desde el pie del Annapurna. Desafortunadamente la semana pasada tuve problemas con mi cuenta de correo razón por la cual no fue posible poder enviarles el Informe de Expedición y la Crónica que había preparado para ustedes. Por esta razón apenas hoy pueden recibir lo que había preparado con fecha miércoles 18.  El día de mañana les enviaré un nuevo reporte para igualarme en mis informes.

En la espera de poder contar con vuestra comprensión les reitero mi cariño y mi afecto.

 

 

Miércoles 18 de abril de 2007

 Les escribo  para informarles el desarrollo de la expedición y compartirles una crónica que la he titulado Un ejercicio de tres verbos, que espero la disfruten.

 Por ahora descansaremos hasta el viernes 20, porque tenemos reporte de clima no muy bueno hasta ese día. A partir del sábado retomaremos el trabajo que en esta ocasión será la parte más delicada y peligrosa, buscar el camino de acceso al Campo 3. De vuelta de este trabajo, Dios mediante, estaré con ustedes para contarles como no has ido.

Hasta entones un fuerte abrazo.

 

 

INFORME DE EXPEDICION

 

Domingo 15 de abril

 Tal lo planificado el domingo salimos desde el CB a las diez de la mañana.

Con la ventaja de recorrer terreno conocido y aprovechar las cuerdas que habíamos  fijado, en tres horas resolvimos el trayecto que va hasta el C1 (5 080 m). En el sitio donde hicimos depósito la vez anterior plantamos tres tiendas. Edurne y Asier en la primera, Ferrán y su Arriflex (la cámara de cine) en la otra, Fercho y yo en la tercera.

 

Lunes 16 de abril

 Transportando cuatrocientos metros de cuerda buscamos el camino de acceso desde el Campo 1 hacia el Campo 2. En parte del trayecto fijamos dos tramos de cuerda. A 5 500 m aproximadamente encontramos un sitio protegido y dejamos un depósito con las cuerdas, estacas para nieve y tornillos para hielo. Edurne, Asier y Ferran se regresan al CB. Fercho y yo nos quedamos en el C1.

 Martes 17 de Abril

 Fercho y yo bajamos al CB.

 

 

 

 

CRÓNICA 

UN EJERCICIO DE TRES VERBOS

 A las nueve de la mañana salimos desde el C1 con el objetivo de encontrar el acceso a lo que será nuestro Campo 2. Cruzamos una planicie de nieve más larga que ancha que recorre todo el pie del Annapurna. Ferran nos filma a Edurne, a Asier y a mí,  Fercho en cambio, afanosamente, hace de técnico de sonido

Voy cargando una bobina de cuerda de 200 metros que pesa bastante pero que se deja llevar bien bonita en la mochila. Asier que va ligero abre huella en la pendiente que se levanta inmediatamente después del plató,  con la nieve tan floja la impronta de las botas de Fercho, que va por delante, queda enseguida como un hueco amorfo y profundo. Nieve suelta, calor que aprieta, mochila que pesa, corazón que late, ganas que sobran, entusiasmo que se desborda. En esa continua repetición de paso tras paso se me ocurre pensar  que esto de subir montañas es un ejercicio muy bonito cuyo primer verbo es subir, subir y solamente subir; luego plantarse un rato en el lugar determinado, respirar, disfrutar, a veces llorar. Viene después el segundo verbo que es bajar, bajar y solamente bajar, y de éste deviene el tercero: Llegar. Llegar al lugar del cual se partió. Pero de ser posible mejor que cuando se arrancó, porque entonces significa que aprendiste, que escuchaste, que sentiste, que fuiste alumno y que cada paso que diste para alzarte efectivamente sirvió para elevarte.

 A la una de la tarde el camarógrafo, el técnico de sonido y las estrellas, con diva incluida, llegamos a un rellano protegido por un serác (especie de torre de hielo) y bajamos las cargas. Hasta aquí hemos conjugado el primer verbo. En este lugar plantaremos nuestro Campo 2, apenas a 5 500 m de altitud.

Qué montaña tan inmensa.

 


El Annapurna desde el sitio de nuestro Campo 1 a 5 080 m.
¡Qué montaña tan inmensa!

 

Sentados sobre las mochilas unos beben agua pura, otros té y yo agua con Isostar (sal hidratante) que a decir de Fercho, despectivamente, la llama “mancha tripa”. Pero que curioso cuando a él se le termina su agua pura ni corto ni perezoso me pide un poco de mi “mancha tripa” y claro, cómo no, yo le explico que parte de mi deber en esta expedición es cuidar de él, de su salud y de su integridad, razón por la cual me veo totalmente impedido de compartirle una sola gota  de mi Isostar de limón, que según él, solamente sirve para manchar las tripas. Punto y aparte.

Edurne abre para todos un paquete de jamón ibérico, tomo una lonjita, delicadamente la acomodo encima de la tostada, me la llevo a la boca y zassss la hago crujir con mis dientes que entre ellos y mi paladar agradecen este sabor a 5 500 m. Mientras comemos y bebemos (en este punto pido amablemente a mis queridos lectores que al leer “comemos y bebemos” no se hagan a la idea de una bacanal romana, ni muchísimo menos. No. Por favor. Se trata del “comemos y bebemos” mas frugal que se puedan imaginar: un pedazo de tostada, una lonjita de jamón y un sorbo de “mancha tripa”, desde luego). Decía, mientras comemos y bebemos celebramos el resultado de la jornada: hemos encontrado la vía de acceso hacia el Campo 2 fijando cuerda donde era necesario. Hemos transportado cuatrocientos metros de cuerda, estacas de nieve, tornillos de hielo y además Ferran ha filmado en cine todo el ascenso.

Edurne, Asier y Ferrán se van de vuelta al CB. Ellos van ahora a conjugar el segundo verbo. Fercho y yo nos quedamos un rato más. En lo personal, siempre que hay cómo, yo prefiero prolongar ese espacio de tiempo entre el primer y el segundo verbo. Al fin y al cabo cuesta tanto el esfuerzo de subir y subir que me parece digno darse el tiempo de respirar, de disfrutar, de ser un poquito más parte de este universo prestado que cuando llegas al Campo Base….. plop desaparece.

 Fercho me propone que subamos un poco más, sin mochilas desde luego, para averiguar cómo es la ruta de ingreso al enorme Espolón de hielo que será el paso clave en nuestra aventura. Nos encordamos y otra vez a subir. Yo voy en cabeza disfrutando de ese ejercicio  que es descubrir, firmar con mis crampones en la nieve virgen, golpear el piso con el piolet y ver como se abre a mis pies un hueco oscuro y profundo, tomar aliento, tomar impulso, saltar la grieta y seguir subiendo. Se nubla, se despeja, se vuelve a nublar. Intuimos que el camino de ingreso al Espolón de hielo está expedito. Por hoy no es más 5 680 m de altitud. Ahora vamos por el segundo verbo.

Por donde bajamos ya no hay huellas, es apenas una espesa mazamorra que se pega a la botas y nos incomoda. Bajar, bajar, desandar lo andado.

A las tres y media de la tarde llegamos de nuevo al Campo 1. Tengo sed pero ya no quiero “mancha tripa”. De un chorrito que se descuelga por una pared cerca de mi tienda recojo agua con la cantimplora, añado leche en polvo, dos cucharadas de Milo, cuatro terrones de azúcar y agito, agito mucho, como si yo fuera una licuadora. Destapo la botella y encuentro burbujas que se chocan entre ellas, se revientan enseguida y se mueren, otras se escapan, siguen viviendo, bailando y saltando por encima del chocolate. Me llevo la cantimplora a la boca, comienzo a beber y, muy a mi pesar, les mato a todas las burbujitas

De nuevo en el C1 de donde salimos estamos mañana, estoy sentado en la puerta de mi tienda mirando al frente una huella larga que parte en dos la enorme plancha de nieve que hasta antes estaba inmaculada. Esa huella que no habla pero que es testigo que esta mañana, subí, solo subí, que después baje, solo baje y ahora sentado en la puerta de la tienda he llegado. Ojalá mejor que cuando salí esta mañana.

 


Al pie de la pared oeste del Annapurna.

 

 

Iván Vallejo Ricaurte
EXPEDICIONARIO

 

 

 

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